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Dándole en el hotel… lo que se merece
—Ahí está otra vez
—me avisó Paco, mi compañero de trabajo, segurata como yo.
Miré la pantalla de
las cámaras. Hoy nuestro chaval exhibicionista y pajillero había elegido una de
las cámaras de los rellanos, concretamente la de la cuarta planta.
—¿Cómo coño se cuela?
—Murmuré.
—No lo sé, Juan. Pero
ya estoy hasta los cojones de ese puto maricón. (No te ofendas). Voy a subir a
la cuarta y me lo voy a follar.
—¿Pero cómo vas a
hacer eso? —Dije, escandalizado.
—Pues metiéndosela
por el culo. Creo que aún no han inventado otra forma de follarse a un tío.
—Bueno, por la boca
también se puede. Pero el que tendría que follárselo soy yo, que para eso soy
el maricón de los dos.
—Pero tú no tienes
huevos para eso.
—Cierto.
—Y yo hoy no me he
hecho la paja de rigor.
—¿Pero hablas en serio?
—Claro. Siempre me
hago una en la ducha pero hoy no me ha dado tiempo.
—Digo si dices en
serio lo de ir ahí y follártelo.
—¿Quieres verlo?
—Me muero por verlo.
—Pues no pierdas de
vista la cuatro. Pero si te haces una paja no pongas perdido el teclado.
—¡No me voy a hacer
una paja!
—¿Que no? Cuando veas
lo que le voy a hacer al maricón ese tendrás que hacerte dos.
Paco abrió el cajón
del escritorio y sacó uno de los condones que yo le había regalado y que a mí
me regalaban en el Cruising, el local de ambiente al que voy cada jueves.
—Hostia, vas en
serio.
—Claro que voy en
serio.
—No cojas el
ascensor. Si lo oye subir saldrá corriendo, como el otro día.
—Tranquilo. Iré por
la escalera, lo agarraré con el nabo entre las manos y me lo follaré ahí mismo.
—Llévatelo mejor al
office. Como os pille un cliente te despedirán.
—La cámara del office
es una puta mierda. ¿No quieres verlo bien? ¿No te morías por verme la polla?
Mejor me lo follo en el ascensor. Lo llevaré a la azotea y lo bloquearé.
—Buena idea.
En el fondo creía que
Paco me estaba tomando el pelo. Suponía que sólo le iba a meter un susto al
guarrete para que no volviera a colarse en el hotel para enseñarnos la polla.
Paco me miró, se
agarró el paquete y se dio un buen magreo al tiempo que se mordía el labio,
antes de despedirse con un:
—Cuando veas lo que
le hago imagínate que te lo estoy haciendo a ti.
—Vale—contesté
riendo.
Paco se largó y yo me
quedé mirando la cámara del rellano de la cuarta donde el chaval tenía el
pantalón por las rodillas y se la cascaba mirando fijamente a la cámara. Tenía
buena polla.
Esperé con una media
sonrisa a que diera comienzo el numerito que iba a montar mi compañero. Me daba
un poco de pena el guarrete. El susto que se iba a llevar el pobre.
El tío estaba tan
concentrado con su pajote que ni se lo olió venir. Vi aparecer a Paco detrás de
él. Mi compañero me saludó a través de la cámara e hizo tres movimentos de
metesaca con la pelvis.
—Está grillao —dije
para mí.
Entonces Paco agarró
al chaval. Le tapó la boca con una mano y le retorció el brazo a la espalda con
la otra. La cara del chaval era para verla. No estaba acojonado, estaba
aterrorizado. La polla tardó cinco segundos en bajársele.
—Qué bruto es —dije.
Lo sé, estaba hablando solo. Pero aquello era digno de comentar la jugada y no
había nadie conmigo para comentarla.
Intenté leer los
labios a Paco a ver qué coño le estaba diciendo al chico. No conseguí
enterarme. Pero seguro que le estaba diciendo que la próxima vez que lo pillara
guarreando por el hotel le partiría el brazo. Era inimaginable que Paco fuera a
hacer lo que había dicho que haría. Inimaginable.
De pronto Paco empujó
al chaval contra la pared y lo cubrió con su cuerpo. Le pegó el paquetón en el
culo y empezó a moverse como si se lo estuviera follando.
—Eso, hazlo disfrutar
—le dije a la pantalla.
Lo cierto es que ver
a Paco haciendo aquello hizo que mi polla diera una sacudida. Y cuando el
movimiento se prolongó durante minutos consiguió ponerme to cerdo.
Los pantalones del
guarrete se le habían bajado hasta los pies y me di cuenta alucinado de que el
tío estaba abriendo y cerrando las piernas y pegándose todo lo que podía al
paquete de Paco. Mi compañero continuó simulando la follada lo suficiente como
para que yo me bajara la cremallera y me sacara la polla. Me dolía de lo
empalmado que estaba.
Entonces Paco se
apartó un poco del chaval, se puso de costado y mirando a cámara se señaló la
polla. El pantalón negro le hacía una tienda de campaña brutal. Me dedicó una O
con el pulgar y el dedo índice y luego le pegó tal manotazo al chaval en la
cacha izquierda del culo que le dejó la marca de los dedos. Al chaval pareció
gustarle porque puso el culo en pompa. Paco se puso en cuclillas y le separó
con fuerza las cachas con las manos, dejando a la vista el ojete. Luego miró a
cámara como diciendo "lo estoy haciendo por ti, mírale el agujero e
imagina que es el tuyo".
Yo ya me estaba
haciendo una pajote endiabladamente rápido, incapaz de bajar el ritmo con lo
que estaba viendo.
Paco se puso un
montón de saliva en un pulgar y empezó a pasearlo arriba y abajo por agujero
del chaval mientras con la otra manaza le abría el culo para mí. El chico movía
el trasero en pequeños círculos, disfrutando de aquel dedo mojado. Puta perra.
Sentí una envidia para nada sana de él.
Paco se incorporó, se
chupó ahora el dedo medio y se lo plantó en el ojete. El chaval se abrió el
culo a dos manos. Paco empujó el dedo y éste entró con pasmosa facilidad en el
orto del chico. Al verlo dejé caer un reguero de baba sobre mi capullo que
esparcí con la palma de la mano. Al final Paco tenía razón. Cuando viera lo que
iba a hacerle al maricón no tendría más remedio que hacerme dos. Como no me
controlara, la primera de mis corridas no tardaría en llegar.
Al cabo de un minuto
ya eran dos los dedos que entraban y salían del dispuestísimo culo del guarrete
y Paco no tardó mucho en añadir un tercer dedo. De vez en cuando miraba a
cámara mientras le trabajaba el agujero y yo sabía lo que pensaba. "Este
es tu culo, Juan". Cada vez que me dedicaba una de esas miradas me
recorría una descarga que nacía en mi trasero y me recorría el cuerpo entero.
Sentía mi polla a punto de reventar.
Paco me enseñó
entonces el condón y se lo pasó al chaval para que le quitara el envoltorio
mientras él seguía metiéndole dedos.
—Jodeeeeer. Se lo va
a follaaaaar.
Acerqué la cara a la
pantalla con la boca hecha un charco, deseando ver su pollaca. Tuve que dejarme
un poco quieta la mía para no derramarme sobre el teclado.
El chaval le devolvió
el condón ya pelado y Paco, mirándome directamente, se bajó la cremallera y se
sacó una polla cojonuda, enorme y hermosa como pocas he visto. Se cogió la
pollaca poniendo el pulgar sobre el vello púbico que la adornaba por arriba y el índice bajo los
cojones y agitó semejante armatoste sólo para mis ojos.
—Quiero mamar esoooo
—le grité a la pantalla.
Tras exhibirse para
mí se colocó el condón en la punta del cipote y lo desenrolló con bastante
esfuerzo. El condón le iba un poco pequeño.
—Dios, qué polla.
El chaval, viendo
todo lo que le iban a clavar, se llenó la mano de salivazos y se fue llenando
el culo a palma llena.
Paco lo hizo girarse
un poco para que yo pudiera verlo todo bien y le plantó el capullo en el orto.
Empezó a empujar sin vacilar mientras el pobre chico trataba de abrirse el
culo. Yo casi sentía la presión en mi propio trasero. La polla no terminaba de
entrar. Paco empujó un poco más, otro poco más, y el pollón al fin entró. La
cara del chico era un poema.
—Te jodes. Por guarra.
Al chico le importaba
un carajo quedar bien en cámara porque volvió a la posición inicial. Puso las
manos en la pared y sacó el culo todo lo que pudo. Paco, consciente de que no
era la mejor posición para este observador,
se bajó el pantalón y me regaló un plano buenísimo de su culo empujando.
A partir de ahí se lo folló como un cabrón. Venga a empujar. Yo seguía con mi
pajote húmedo, la polla bien llena de baba.
La puerta de la
habitación 402 se abrió entonces un resquicio y vi a alguien asomando la nariz.
Cogí el móvil cagando leches (y cagándome en la puta) para avisar a Paco. Entonces
me di cuenta por sus miradas que ellos ya lo sabían, habían escuchado la puerta al abrirse. Para
mi sorpresa Paco comenzó a follarse al chaval más fuerte. Llevamos el nombre
del hotel bordado en el uniforme. El ocupante de la 402 sabría que Paco es
empleado aquí. Se estaba jugando el puesto pero se ve que una vez metido en
faena no podía pensar claramente.
La puerta, por lo
menos, seguía sin abrirse de par en par. Cabía la posibilidad de que al huésped
le gustara lo que veía.
De improviso, Paco le
sacó la polla del culo al guarrete, se quitó el condón, lo tiró a la papelera y
subiéndose el pantalón se intentó guardar la polla, dura como una estaca. Pensé
que por fin había entrado en razón pero entonces vi cómo le pasaba pañuelos al
chaval y cómo el chaval empezaba a limpiar su corrida de la pared. El puto
niñato se había corrido. Se ve que lo del huésped fisgón lo había calentado aún
más. Paco seguía con la tienda de campaña puesta por lo que supuse que él no se
había corrido todavía. Lo vi saludar al de la 402, quien cerró de golpe, y
luego Paco salió de plano.
A mí el susto de la
puerta me había hecho destrempar un poco, pero al ser consciente de que Paco
estaba bajando a seguridad y ante la posibilidad de recibirle con la polla en
la mano, el miembro se me empezó a poner duro de nuevo.
Me pregunté si sería
capaz de recibirlo así o me podría la vergüenza. Me bajé los pantalones hasta
los tobillos y me despatarré en la silla para obligarme a mí mismo a aguantar.
Los minutos
siguientes se me hicieron eternos. La puerta por fin se abrió y Paco apareció
en el umbral. Traía la polla ya en la mano, dura y rezumando precum. Sin mediar
palabra vino hasta mí y me la plantó en los labios. De un lametazo recogí el
líquido que babeaba del prepucio. Me supo a manjar de Dioses. Otro chorrazo de
precum aterrizó en mi labio tras mi primer lametón. Paco estaba que explotaba.
Me metí el cabezón entre los labios y comencé a mamar más feliz que una perdiz
mientras me pajeaba, esta vez sin ninguna prisa. Paco iba empujándome
suavemente más polla dentro y cada envite dejaba un regalo en forma de precum.
—¿Te gusta mi polla?
—Me preguntó.
Asentí.
—Sabes que a partir
de ahora vas a mamar cada vez que yo te lo diga.
Volví a asentir.
—Vas a recibir polla
cada día, de lunes a viernes y algún domingo.
Sí, sí, sí.
—Por cada agujero.
Sí, por favor.
—Porque lo estabas
deseando.
Con toda el alma.
—Llevas meses
esperando esto.
Desde el primer día.
—Y quiero que seas
feliz.
Aún no me lo puedo
creer.
—Prepárate que ya
viene.
Dámela toda.
—Te voy a llenar de
leche hasta las trancas.
Ahógame de lefa.
—Ahí viene.
Sí.
—Es tuya.
Dámela.
—Traga. Traga. Ya.
Ya. Yaaaaaaaa.
¡Correte, cabrón!
—Ahhhhh.
Ya saleeeeeee.
—Diooooooos.
Leche caliente y
espesa sólo para mi boca.
—Siiiiiiii.
Mmmm, qué buena.
—Traga. Traga. Traga
leche. Trágatela toda.
Toda la que tengas.
Siempre que quieras. 24 horas a tu disposición.
—Siiiiii. Buen chico.
A mandar.
Paco retiró el rabo y
le enseñé los labios llenos de lefa. Mojó el prepucio en la leche que le
brindaba y me la esparció con la polla por toda la cara.
—Soy un puto cerdo.
No sabes la cantidad de guarradas que se me están ocurriendo para los próximos
días —dijo. —¿Crees que podrás soportar tantas cerdadas?
¿Soportar, decía? Por
primera vez aquel trabajo de mierda iba a valer la pena.
Entonces se puso de rodillas
entre mis piernas, empezó a pajearme y al rato ya estaba bien amorrado a mi
polla, mamando rabo, tragando cipote como un cabroncete. Y yo supe que, contra
todo pronóstico, había entrado a currar con mi compañero hetero y terminaba la
jornada... con novio. Y bien cerdo.
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