miércoles, 6 de julio de 2016

Me puse de rodillas y me metí sin pensarlo más la polla de Jorge en la boca. Estaba blandita y sabía salada.

relato gay erótico Me puse de rodillas y me metí sin pensarlo más la polla de Jorge en la boca. Estaba blandita y sabía salada


Reto y castigo



I


Nuestra rutina de retos y castigos comenzó de la manera más tonta. Llegamos a mi casa del gimnasio y mi amigo Jorge me dijo que a ver quién llegaba antes arriba.
—Me pido ascensor —dije.
—Qué ascensor ni que mierdas. Por la escalera. Y el que pierda hace lo que el otro le pida.
—Vale.
No fue una carrera justa. O sí, porque los dos fuimos igual de malos. Nos agarramos, nos empujamos y estuvimos a punto de descalabrarnos tres veces. Pero ganó él. Mientras abría la puerta le pregunté qué tenía que hacer.
—¿Están tus padres? —Preguntó Jorge.
—Creo que no.
—Ve a ver.
Eché un vistazo por las habitaciones.
—No hay nadie.
—Vale. Pues me tienes que comer la polla.
—¿Qué dices?
—Hasta que ya no sepa ni a sudor ni a meaos.
—Pero... ¿hablas en serio?
Para demostrarme que iba en serio se sacó la polla.
—Ostras, cuánto pelo.
—Uff, huele que apesta. Igual me he pasado con la petición.
—No, no. Has ganado la carrera. Y hemos dicho que el que perdiera hacía lo que el otro le pidiera.
—Ya, pero huele mal. ¿No prefieres que la lave un poco? Me da cosa por ti.
—No, no te preocupes. Yo te la limpio. De eso se trata, ¿no?
—Claro, claro. Limpia. Déjala bien limpia. Cuanto antes empieces antes habrás acabado.
Me puse de rodillas y me metí sin pensarlo más la polla de Jorge en la boca. Estaba blandita y sabía salada.
—¿Lo has hecho antes?
Negué con la cabeza.
—Mmm, la chupas mejor que mi novia. ¿Te importa si me empalmo?
Me saqué su polla de la boca para preguntarle extrañado:
—¿Es algo que puedes controlar?
—Claro. ¿Tú no?
—No creo. Si me chuparan la polla se me pondría to dura al momento. No podría decidir.
—Yo sí. Mira. Chupa.
Volví a meterme su polla en la boca y a intentar dejarla bien limpia. La polla de Jorge seguía flácida. Se la chupé cerca de dos minutos en que no se endureció lo más mínimo.
—Pero, ¿te da gustito?
—Muchísimo.
—¿Y has decidido no empalmar?
—Exacto. Mira, ahora empalmaré.
Volví a chupar y la polla de Jorge empezó a hincharse, poniéndose como una puta piedra en cuestión de segundos.
—¿Ves? Controlo mis erecciones. Tengo acceso total a mi rabo. Pensaba que eso lo hacía todo el mundo.
—El mío no funciona así. Oye, tienes la polla enorme.
—Gracias. Me la tienes que dejar bien limpia.
—Sí, sí. Descuida.
En algún momento me olvidé de que aquello era un castigo por haber perdido la carrera y me entregué a mamarle la polla a mi amigo como si fuera un profesional. Jorge me acariciaba el pelo mientras yo tragaba polla.
—Lo haces muy bien. Pero creo que ya está limpia. Ya no debe saber ni a sudor ni a meaos.
—Qué va. Aún sabe fatal. Sigo, sigo.
—Vale. Pero igual te lefo los morros, nen. Las erecciones las controlo pero las corridas se me escapan solas.
—Venga. Tú déjate llevar. Has ganado la carrera. Es tu premio.
—Oki. Traga, cabrón, que te voy a dar leche.
—Mmm.
Me afané en darle una mamada espectacular. Nunca se me hubiera ocurrido que aquello pudiera estar tan sabroso ni que me fuera a gustar tanto. Jorge me animaba.
—Joder, qué bien la chupas, cabronazo.
—Mmmm, mmmm, mmmm.
—Ufff. Creo que no aguantaré mucho más.
—Glup, glup.
—Me voy a correr, nen. No puedo más.
—Mmm, mmmmmm.
—Sí, que buenoooooo. Qué gustooooo. Ahhhhh. Toma lecheeeee.
—Mmmmmmmmmmmmmm.
—Uffffff. Joder. Jodeeeeeer.
—Mmmm.
—¿Te la estás tragando?
—Mmm. Claro.
—Eres un guarro —se rio.
—Está bien rica.
Y seguí chupando hasta que ya no supo ni a sudor, ni a meaos... ni a semen.

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II


Al día siguiente cogimos la bici y lo primero que dijo Jorge fue:
—A ver quién llega antes a la loma del Puig. El que pierda hace lo que el otro quiera, como ayer.
—Vale.
Nos hinchamos a pedalear y esta vez, por mis cojones, gané yo. Apoyamos las bicis contra un árbol y mientras nos recuperábamos, pensé cuál podía ser su castigo.
—Ya lo tengo. Te voy a mear en la boca.
Jorge me miró por un momento muy serio pero vi aparecer un destello de vicio en su mirada.
—Vale. Pero me quito toda la ropa.
—Claro.
Se desnudó rápidamente y se puso de rodillas para estar a la altura.
Me acerqué a su boca con la polla fuera pero el habérselo pedido, que aceptara y verlo desnudarse me había puesto to palote.
—Así no puedo mear.
—¿Ves como es mucho mejor dominar las erecciones?
—Pues como no me enseñes...
—Ven. Te la chuparé, te corres y así luego podrás mearme sin problemas.
—Qué bien.
Jorge me cogió por los cojones y se metió toda mi polla en la boca de una tacada. Empezó a mamar con glotonería. Parecía una actriz porno solo que con barba y una polla que había decidido que se le pusiera descomunal.
—Vaya empalme llevas. Parece que te gusta mamar —le piqué.
—No está mal, la verdad.
Su cabeza se movía adelante y atrás a toda máquina. Yo veía aparecer y desaparecer mi polla llena de saliva dentro de sus labios.
—Qué bueno. Tú también la mamas de puta madre, cabrón.
Él siguió con la mamada un buen rato y sólo paró para comentar que mi polla sabía muy bien.
—Venga, venga. Chupa. Que ya me viene. Mmm, qué gusto. Venga. Traga polla. Así, joder. Qué bien la chupas. Mmm. Ya estoy casi. Me voy a correr. Venga. Dame más lengua. Más deprisa. ¿Quieres leche, cabrón? ¿Quieres sacarme la leche? ¡Toma leche!
Casi casi estaba copiando lo que le había oído a él el día anterior pero es que era novatillo en esto. Mi lefa salió disparada dentro de su boca y Jorge se la tragó toda muy diligentemente. Siguió mamando hasta que perdí completamente la erección.
—Joder. Ha sido fantástico —dije, guardándome el rabo.
—¿Qué haces? Tienes que mearme.
—Anda, es verdad. Ya no me acordaba.
Recién corrido ya me fue mucho más fácil. Le descargué una copiosa meada dentro de la boca porque me daba cosa que se ensuciara. Jorge se lo tragó todo también esta vez, poniendo cara de puta satisfecha.

III


La siguiente vez fue esa misma tarde. Estábamos fumando un porro en el parque de al lado de mi casa y Jorge me enseñó su móvil.
—Mira. He superado tu récord.
Era un juego muy simple pero muy complicado. Había que hacer una montaña de tortugas y que mantuviera el equilibrio. 18 era lo máximo que yo había conseguido en más de tres meses de apilar tortugas. Jorge me había superado por dos.
—¿Esto también vale como reto superado?
—Claro —dije, empezando ya a empalmar al olerle las intenciones.
—Pues me vas a comer el culo.
—¿Aquí?
—No, hombre. Mmm. En tu ascensor.
Igual Jorge se pensaba que me iba a achantar por comerle el culo en mi propio edificio arriesgándome a que nos pillara cualquier vecino o incluso mis padres, pero la idea me pareció cojonuda. Nos faltaron piernas para ir corriendo a mi casa a hacer aquello.
Le di al octavo y último piso y mientras subíamos le bajé las bermudas de un tirón y le metí la lengua en el agujero. Jorge se derritió de gusto.
—Jodeeeer —susurró.
—¿Te mola?
—¡Qué puto gusto!
—Tendrás que hacérmelo también a mí.
—Eso tendrás que ganártelo con el próximo reto.
Una vez en el octavo la puerta se abrió y los dos nos quedamos mirando el rellano como gilipollas. Menos mal que no había nadie. Le di al segundo piso y esta vez le pedí a Jorge que fuera dándole al botón de cerrar puerta y al del octavo y el segundo todo el tiempo que durara aquello. Luego pasé un rato estupendo abriéndole el culo a dos manos y plantándole lametazos en to el ojete. Me encantaba ver como se retorcía de gusto. El tío se puso tan cerdo que se acabó haciendo un pajote enfebrecido y llenó de lefa toda la puta pared del ascensor.
Saqué un insuficiente pañuelo de papel pero Jorge me detuvo.
—No limpies.
—Vale, cerdo. Pero salgamos en el segundo piso. No quiero que un vecino me vea saliendo del ascensor con todo eso ahí.

IV


Poco después me enteré de que Jorge había cortado con su novia por un amigo común. Quedé con él para preguntarle por qué no me lo había contado.
—No lo vi necesario.
—Pues me extraña. Es el tipo de cosa que se le cuenta a un amigo.
—Me ha dejado. Ella se lo pierde. Punto. No había por qué hacer un drama también en los ratos que paso contigo.
—Pero, ¿estás bien?
—Claro. Oye. He sido el primero en ser abandonado por una mujer. Ese es otro reto ganado, ¿no?
—Bueno. Cogido por los pelos pero vale. Te lo permito esta vez. ¿Qué quieres que haga?
—Me gustó mucho que me comieras el culo el otro día. ¿Qué tal si me la metes?
—¿Dónde?
—En la playa mismo. Esta noche. Trae lubricante y todo eso. Supongo que con esa polla que tienes, un poco tiene que doler.
—Te lo haré con mucho cuidado.
El resto del día lo pasé en un estado de excitación máximo. No veía la hora de que cayera la noche para petarle el culo a mi amigo. Menudo castigo chulo me había tocado. Compré en el súper un bote de lubricante y condones, muerto de vergüenza. La cajera encima tenía guasa y me soltó un par de frescas. Chistes con meter y así. Pero valía la pena el esfuerzo.
Me encontré con Jorge en el sitio acordado a las once de la noche.
—Estoy un poco nervioso —se sinceró.
—Si quieres lo dejamos.
—No, no. Yo creo que irá bien. Me he metido un bote de desodorante esta tarde. Le he puesto un condón y mucha saliva y ha entrado sin mucho esfuerzo. Se ve que también puedo dilatar a voluntad. Venga. Fóllame.
Nos quedamos en bolas y nos tumbamos en una hamaca bien pegaditos. Le llené el culo de lubricante y le fui metiendo dedos. Era una sensación extraña pero para nada desagradable. Y a Jorge también le gustaba a juzgar por cómo se pegaba a mi mano y se retorcía.
—Yo creo que puedes meterla ya. La quiero dentro.
—Vale.
Me puse un condón y le planté el cipote bien duro a las puertas.
—Joder. Esto es súper excitante —le dije, mientras empujaba, aún sin entrar.
—Lo sé.
—Llevo todo el día a punto de correrme. No creo que aguante mucho, la verdad.
—Tú métela y dame duro. Y córrete cuando tengas que correrte. Las próximas veces ya duraremos más.
Próximas veces. Mmm, me gustaba cómo iba aquello. Apreté más y por fin el rabo entró. Lo metí hasta el fondo y abracé a Jorge con todas mis fuerzas. La sensación era maravillosa. Empecé a darle polla muy suavemente, muy despacio y profundo, y Jorge se derritió en mis brazos.
Mientras me lo follaba no podía pensar en nada más que en su cuerpo caliente contra el mío y en que me hacía infinitamente feliz verlo disfrutar.
Cuando me corrí le susurré te quiero al oído. Me contestó "yo también".
Tras darnos un chapuzón y vestirnos nos sentamos a hablar de nuestras cosas. Jorge me dijo riendo que tenía mucho más sexo conmigo del que había tenido con su novia en toda la relación.
Nunca hablamos realmente de nuestra situación. Nunca nos definimos como pareja. Pero han pasado cuatro años y sigo con Jorge. Y es la única persona en este mundo con quien me apetece estar.
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