viernes, 13 de mayo de 2016

Masaje completo, relato erótico gay, transformación hetero

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Masaje completo



I

—Tienes mal aspecto —me dijo mi cuñado.
Era domingo. Nos encontrábamos en una comida familiar. Mi mujer y mi hermana estaban arreglando el mundo y mi cuñado, que por lo general no me hace ningún caso, vino a darme palique.
—No estoy durmiendo bien últimamente —le contesté.
—¿Insomnio?
—No, no. Me refería a que cojo malas posturas.
—Ahm. Bueno. Tú lo que necesitas es un masaje.
Sacó la cartera y de ella una tarjeta.
—Dile que vas de mi parte y te hará un descuento.
Miré la tarjeta sin mucho interés. No soy nada dado a dejarme tocar por desconocidos. Y el masajista era varón.
—Es caro —dije, para dejarle claro que no me interesaba.
—Es un poco caro pero te dejará como nuevo. Créeme, querrás repetir. Dile que vas de mi parte y pídele un completo —mi cuñado me guiñó un ojo y después se fue a hablar con mi sobrino mayor, con unos andares que sugerían que estaba muy contento consigo mismo, que había hecho su buena acción del día.
Yo me quedé mirando la tarjeta. No soy mucho de masajes (en realidad jamás me habían dado uno) pero algo en la actitud de Marcelo me hizo replanteármelo. Este masajista parecía realmente bueno. Quizá valía la pena darle una oportunidad.



II

Aproveché que el viernes libraba (y que me había despertado con un dolor de cuello brutal) para que me dieran ese masaje que prometía dejarme como nuevo. En la sala de espera estaba bastante nervioso pero contento. Me cuesta hacer cosas nuevas pero cuando por fin las hago me siento más vivo, como si me hubiera estado perdiendo las cosas buenas de la vida por quedarme escondido en mi caparazón. Sentía que ese día podía nacer un nuevo yo que fuera al masajista una vez al mes. Sólo necesitaba hacerme a la idea y pasar el mal trago de la primera vez.
Un cliente salió y una chica rubia me dijo que ella podía atenderme. Le enseñé la tarjeta.
—Me recomendaron éste.
—¿Tienes cita?
—No, en realidad.
—Israel está ocupado ahora. Pero aquí todos tenemos la misma titulación.
—No me importa esperar. Me recomendaron que fuera él. No quiero decepcionar a mi cuñado.
—Comprendo —dijo la rubia poniendo cara rara.
Y me dejó en paz.
Tuve que esperar 45 minutos pero al fin, como su siguiente visita se retrasaba, Israel me hizo un hueco.
—Vengo de parte de Marcelo García —le dije, muy nervioso. —¿Sabes quién es?
—Por supuesto. No vienen muchos Marcelos.
—Me dijo que te pidiera que me hagas un completo. Y que me harías un descuento por venir de su parte.
—Claro. Quítate la ropa, por favor. Tengo otra visita programada.
—¿Cuánto suele durar esto?
—Depende.
—¿No tienes un tiempo fijo?
—No. Según como te note los músculos te dedicaré más o menos tiempo.
—De acuerdo. ¿No vas a darme una especie de taparrabos de papel?
Israel negó con la cabeza.
—Si te hago el completo no lo necesitas.
—¿Y no vas a salir de la habitación mientras me desnudo?
—No, pero voy a ir preparando los aceites. Quítate la ropa, puedes ponerla sobre esa silla, y túmbate en la camilla.
—Boca abajo, supongo.
—O boca arriba. Como quieras. Tú decides por dónde quieres que comencemos.
Me fui quitando la ropa mucho más despacio de lo que le hubiera gustado a Israel. Cuando por fin me quedé en pelotas miré la camilla, indeciso. Finalmente decidí que me acostaría boca arriba. Me daba muchísima vergüenza mostrar mis genitales a un desconocido pero pensé que cuanto antes pasara por ese trance, mejor. Me tumbé en la camilla y cerré los ojos.
—Empiezo por los pies y las piernas y voy subiendo —me dijo Israel.
—En realidad me duele el cuello.
—No te preocupes. También llegaremos ahí.
Estaba tan acojonao que no me preocupaba tener una erección. Era imposible que se me pusiera dura con lo nervioso que estaba, por muy bueno que fuera el masajista. Además, últimamente no se me ponía dura casi nunca y lo único que me excitaba de verdad es que mi mujer me pusiera el coño en la boca. Así que por ese lado tampoco había peligro de que se me pusiera dura. Allí no había coños que pudieran acabar en mi boca, a excepción del de la rubia a la que había rechazado.
Cuando Israel comenzó con mis pies me dije que había hecho bien accediendo a hacer aquello. La sensación era muy placentera. Me gustaba. Cuando subió a las rodillas pensé que debería haberme puesto boca abajo para que me hubiera trabajado las pantorrillas, pero como Israel había dicho, también ahí llegaríamos. Cuando llegó a la ingle me llevé un sobresalto. No había esperado que me tocara esa zona y después de un rato de que sus dedos trabajaran zona tan sensible (no sólo eso, sus dedos llenos de aceite me rozaban los cojones) mi polla se puso como una estaca sin remedio. Se me debió quedar cara de gilipollas cuando Israel fue un paso más allá, me llenó la verga de aceite y me empezó a dar un masaje en la polla, o más bien a hacerme una paja con profesionalidad.
Me quedé completamente bloqueado. No sabía si decirle que había habido un error. Me daba tantísima vergüenza interrumpirle que al final no dije nada, aunque pensé que cuando saliera de allí iba a ir directamente a matar a mi cuñado.
—¿Cómo vamos? —Me preguntó Israel.
No fui capaz de contestar.
Él siguió con la paja y yo decidí tomarme aquello con filosofía. En realidad no estaba nada mal. Y en los tiempos que corren parece que a todo el mundo se la ha tocado un hombre, aunque a mí no me hubiera pasado hasta entonces. Además, nadie tenía por qué saberlo. Excepto Marcelo, claro, a quien pensaba estrangular.
De pronto sentí que algo caliente envolvía mi polla. Pensé en una vagina de esas de goma aunque no me imaginaba que un masajista usara ese tipo de artilugios. Me daba miedo abrir los ojos pero finalmente levanté un poco la cabeza y eché un vistazo. Israel me estaba comiendo la polla.
Volví a recostar la cabeza en la camilla sin entender nada. ¿A qué clase de masajista me había enviado Marcelo? ¿A él también le hacía todo aquello? ¿Qué más cosas incluía un completo? Tuve que dejar de pensar. Mi cabeza no daba para tanto con aquella boca experta haciendo molinetes arriba y abajo por toda mi verga y sus dedos tocándome los huevos de una manera tan deliciosa.
La mamada se prolongó durante al menos diez minutos. Después Israel siguió subiendo por mi cuerpo como si no hubiera pasado nada, continuando con un masaje más o menos normal. Conseguí relajarme un poco.
Cuando llegó al cuello volví a alegrarme de haber hecho aquello. Aquel tío tenía unas manos prodigiosas y sentí como el dolor desaparecía casi milagrosamente. Al final, sujetándomela con ambas manos, me hizo girar la cabeza hacia la derecha y hacia la izquierda, casi en plan niña del exorcista.
—¿Qué tal? —Me preguntó.
—Fabuloso. Estoy alucinado.
—¿No te duele?
—Para nada.
Entonces me miró a los ojos y me hizo la siguiente pregunta:
—¿De verdad quieres que te haga el completo?
Era mi ocasión de explicarle que no sabía a lo que venía, que Marcelo me había liado. Pero el cuello ya no me dolía y aquel tío era bueno en lo que hacía. Y si a Marcelo se lo hacía...
—¿Qué le sueles hacer a Marcelo?
—El completo.
—Entonces a mí también.
—De acuerdo —sonrió.
Me movió la cabeza hacia la esquina de la camilla, hacia su cuerpo, y para mi total sorpresa y consternación se sacó un inmenso pollón del pantalón y lo dejó reposando sobre mi mejilla. El miembro de Israel acabó de ponerse del todo duro sobre mi cara. Sus dedos me abrieron la boca, retiró un poco las caderas y muy lentamente me fue introduciendo el vergajo entre los labios.
—Te la meteré sólo hasta donde puedas soportar. Tienes que estar cómodo.
Mi definición de comodidad no incluía tener la boca ensartada de carne en barra pero pasada la conmoción inicial, cuando Israel comenzó a entrar y salir de mi boca con la polla empapada en mis babas, me di cuenta de que mi verga latía con una fuerza inusitada, más dura de lo que la había tenido nunca. En un nivel profundo mi cuerpo disfrutaba muchísimo de aquello aunque mi mente aún no lo aceptara.
En algún momento dejé de pensar en ello y la situación me puso lo suficientemente cerdo como para disfrutar como pocas veces en mi vida. Israel me fue metiendo cada vez más rabo, cada vez más dentro, cada vez más profundo y yo me fui acomodando a aquel tamaño sin demasiados problemas. Le estaba poniendo la polla perdida de babas. El tío tenía una polla enorme, no recordaba  haber visto una así desde el porno de Nacho Vidal.
La follada bucal se prolongó también como diez minutos y cuando por fin retiró la polla de mi boca yo quería más. Israel lo notó en mi cara y me golpeó los labios con su vergota empapada.
—Engancha, ¿eh?
—Engancha mucho —acerté a decir.
—Bueno, el próximo día tendrás más. Ahora date la vuelta. Nos queda la mitad del masaje y voy corto de tiempo.
Obedecí. Me puse rápidamente boca abajo e Israel empezó a masajear mis hombros.
—Estoy en la gloria —dije, suspirando.
—Me alegro de que se te hayan pasado los nervios. Por un momento he pensado que todo esto te había pillado por sorpresa.
—No, no te preocupes. Sabía exactamente a lo que venía —mentí. —Lo que no sabía es que la tendrías tan enorme. Ni tan... sabrosa.
Me dejé mimar por sus expertas y delicadas manos hasta que me abrió el culo y dejó caer un chorro de aceite sobre mi ano.
—Soy... virgen por ahí —dije, asustado, preguntándome si el completo incluiría una penetración. No quería ni imaginarme un trabuco como aquel intentando entrar en mi agujerito.
—Sólo te voy a dar un poco de aceite. Verás cómo te gusta.
Intenté relajarme. Segundos después estaba poniendo el culo en pompa intentando maximizar el contacto de sus dedos en mi trasero.
—Te gusta, ¿eh?
—Qué... gustazo... por Dioooos.
—Si quieres te monto un poco. No te la voy a meter. Sólo me dejaré caer sobre ti. Te llenaré la raja de polla. Te gustará.
—Sí, por favor.
Israel se colocó encima de mí. Fue extraño sentirse cubierto por un hombre. Creo que me sentí muy cercano a mi mujer. Así debía sentirse ella cuando yo la cubría. Era muy agradable. Y más agradable fue sentir su polla colmándome la raja del culo y que empezara a moverla arriba y abajo resbalando con el aceite.
—Levanta un poco el culo, te agarraré la polla.
Obedecí y sus dedos aceitosos comenzaron a pajearme mientras continuaba con aquel movimiento en mi trasero que me estaba poniendo a mil. Israel me estaba respirando en la oreja y eso me puso el vello de punta.
—Déjate ir. Quiero que te corras —me dijo al oído.
—No creo que eso sea un problema. No tardaré mucho.
Sus expertos dedos sabían exactamente cómo tratar mi verga para acercarme en segundos peligrosamente el orgasmo.
—Estoy a punto...
—Déjate ir.
—Siii...
Israel echó todo su peso sobre mí para que le sintiera bien la polla. Era delicioso sentir todo eso entre las cachas del culo.
—¿Crees... crees que otro día podrías meterme la punta? —Le pregunté, con la voz entrecortada.
—Me has dicho que eres virgen. Eso sería mucha responsabilidad. No deberías hacerlo con tu masajista.
—¿Por qué?
—Es un contacto muy íntimo.
—¿Más que tenerte encima?
—Mucho más.
Israel seguía paseando su pollaca por mi raja, arriba y abajo, mientras hablábamos. Sus dedos seguían masturbándome.
—Bueno. Piénsatelo. Soy virgen pero mi orto me está diciendo que quiere tener eso dentro.
—¿Te lo dice tu orto?
—Me lo pide a gritos.
Israel se cogió la vergota y me colocó la punta contra el ano. La boca se me llenó de baba.
—No te la voy a meter. Sólo voy a presionar un poco para que te hagas una idea de lo que podría pasar el próximo día.
El cabezón hizo presión en mi agujerito lleno de aceite y éste se abrió como una flor. La cabeza entró de golpe y tras ella media polla.
—Joder. Ha entrado sin más.
—Es... delicioso —dije, corriéndome automáticamente en su mano, que en ese momento me restregaba el glande.
Israel me metió más polla con esa facilidad que le había tomado completamente desprevenido, y mi leche siguió saliendo a espuertas. No recuerdo haber experimentado corrida más abundante y placentera en toda mi puta vida.


III

Al llegar a casa llamé a mi cuñado.
—Marcelo. ¿Puedes venir a mi casa? Tenemos que hablar.
—¿Ha pasado algo?
—He ido a tu masajista.
—Ah, ¿y qué tal?
Me lo preguntó sin que pareciera haber segundas intenciones.
—Ven a casa y lo hablamos.
—¿Estás enfadado?
—Ven y hablamos.
Le colgué y conté los minutos que tardaba en presentarse. Unos veinte. Mi mujer y los niños no estaban. Ella estaba trabajando, ellos en el cole.
Mi cuñado entró y me miró preocupado.
—¿Te quitó los dolores de las malas posturas?
Moví el cuello. Estaba como nuevo.
—Completamente. ¿Cómo descubriste a ese tío?
—Como tú. Por recomendación.
—¿Y cómo... cómo...?
—¿Como llegó a hacerme el completo?
—Sí. No consigo imaginarlo.
—Fue un proceso. Pero me hizo mucho bien. Pensé que a ti también te gustaría. Tu mujer le contó a la mía que no pasáis por un buen momento en la cama.
—¿Mi mujer le habla de esas cosas a mi hermana? Joder.
—Y pensé que te vendría bien. A mí este tío me reactivó. Me volvió a convertir en un semental, que era lo que era hace años. ¿Estás enfadado?
—No. No. Pero necesitaba hablar contigo. Ha sido muy inesperado. —Me lo quedé mirando, pensativo.
—¿Qué?
—Me he quedado con ganas de más.
—¿No te has corrido?
—De hecho, sí. Como un cabrón. Pero... Me he... Quiero decir... que... Me he quedado...
—Dilo sin miedo. Me ha hecho lo mismo que a ti. Un montón de veces.
—Me he quedado con ganas de polla.
—Sí... —dijo Marcelo con un suspiro de añoranza. —Israel causa ese efecto. Siempre te deja con ganas de más.
—¿Crees que podrías...?
—¿Qué?
—Calmarme tú esas ganas.
Marcelo se lo pensó unos segundos. Pensé que iba a negarse. Pero dijo:
—Sí. Claro. ¿Aquí?
—Mejor en la azotea.
Vivo en el edificio más alto de la zona. En la azotea ni nos verían ni nos molestarían. Y no me parecía bien hacer aquello dentro de mi casa.
En el ascensor nos pusimos nerviosos pero para demostrarme a mí mismo que quería hacer aquello le magreé la polla a Marcelo por encima del pantalón.
—Te ha dejado bien encendido —comentó Marcelo con una sonrisa.
—Sí, joder. Como un puto adolescente.
Ya en la azotea lo primero que hice fue sentarme contra el murillo, abrirme los pantalones y agarrarme la polla.
—Sácatela —le pedí, con unas ganas de que me metiera la polla en la boca que no me veía.
Marcelo se sacó el miembro aún morcillón y se pegó a mi cara. Tenía buena tranca el cabrón.
—Yo también me enganché a mamar rabo —me dijo. —Pero me contenté con el suyo.
—Yo no soy capaz de esperar. Lo necesito ya.

Y me metí la polla de Marcelo enterita en la boca, preguntándome cómo cojones había pasado mi vida entera sin una de esas colmándome los morros.


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A continuación el índice de relatos que encontrarás en el ebook:


Masaje completo: Y otros relatos eróticos de temática gay


Este volumen incluye los siguientes relatos eróticos de temática gay del escritor Marcos Sanz: 

Joe 2.0 
Joe es un héroe que aparece en ciertos momento de mi vida... para salvarme de una muerte horrible. La primera vez yo tenía ocho años. La segunda acababa de cumplir los treinta. Pero Joe no había cambiado nada... 

Veinte días 
Versa sobre los veinte días que Adrián, un chico de veinticinco años al que su ex maltrataba, pasa en casa de sus tíos, en una paradisiaca isla... Y de la relación que surge entre él y su "tito". 

Dándole en el hotel… lo que se merece 
Paco y Juan son dos seguratas que trabajan en un hotel. Un chico se suele colar para intentar ponerlos calientes a través de las cámaras. Hasta que una noche, Paco conseguirá atraparlo y le dará lo que se merece mientras su compañero mira tras la pantalla. 

Calentón en el podcast 
Estás a punto de averiguar por qué "Precumeros" es el podcast más caliente de la red. No te vas a creer de qué son capaces sus presentadores para hacer crecer la... audiencia. 

Infiel 
Marcos es infiel. Tan infiel que le puso los cuernos a su marido el mismo día de su boda. Dos veces. Tan infiel que aprovecha hasta cuando van al supermercado para darse una escapada a los baños a ver lo que pilla. El mejor amigo de su marido los visita unos días... y es posible que esta vez toda la situación le estalle en la cara. 

Loser 
Luis es un perdedor. Está arruinado, le gusta demasiado el juego y la bebida y pronto él y su familia perderán su hogar si algo no cambia. Su amigo Samuel le ofrece algo de dinero por hacer algunos trabajitos para él. Lo que Luis no se imagina es que pronto cambiará la naturaleza de esos trabajitos. 

Masaje completo 
A un tipo hetero su cuñado, también hetero, le recomienda un masajista que "lo dejará como nuevo". Lo nuevo realmente serán las cosas que le hará el masajista... 

El día que el mundo acabó, todos los relojes se pararon a la 1:33 
De éste no te cuento nada. Tienes que leerlo. 

Siete horas para amarte 
Mateo trabaja en un bar de copas. Una noche Eduardo, un chico a quien aún no conoce, le confiesa que lo ha visto montárselo en el coche con su novia y que le gustó mucho lo que vio, aunque en la novia francamente ni se fijó. Mateo no quiere saber nada de esas historias, es hetero y nunca ha sentido absolutamente ninguna atracción por otros hombres. El problema es que tras conocer a Eduardo su cuerpo parece empeñado en traicionarle. 

Acerca del autor: Marcos Sanz es un escritor (y un tío guapo y bastante bear) de relatos eróticos de temática gay. Si estás buscando leer relatos eróticos gays para hombres escritos por un hombre, has llegado al lugar indicado.
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