domingo, 15 de mayo de 2016

Enfermero malagueño II, o el polvo en el hospital con el autobusero. Relato erótico gay.

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Enfermero malagueño II




Hola. ¿Cómo andas? Ostras, sí. Aquí también. Un calor que te cagas. Y mosquitos a punta pala. Ayer no se podía caminar por la calle. Te comían vivo. No. Juan bien. Bueno, en realidad no lo sé. Lo veo poco. Me lo cruzo a veces paseando a la perra pero intento esquivarlo. Lo paso fatal cuando nos vemos. Más por la perra que por él, aunque si me escuchara decir esto me mataría. Se la quedó él, ¿no te lo dije? Jajaja. No. Si le pidiera la custodia compartida le explotaría la cabeza. Pero mejor así, oye. Yo no tendría tiempo de sacarla. Él la cuidará mejor. Es lo que tiene trabajar desde casa. ¿Qué? Sí, claro. Yo te cuento lo que quieras. Nos quedamos a medias con lo del enfermero malagueño. Y ha habido novedades. No, hombre, no he vuelto por el hospital. Ya estoy bien. Me lo encontré en una cafetería. Pero ya llegaremos ahí. Creo que sólo te conté la primera paja. Pasaron muchas más cosas. Sí, te lo contaré en orden cronológico. Así lo puedes utilizar para uno de tus relatos si quieres. Pero si sacas pasta con ese, quiero una parte. Claaaaaro. Pues ese día no pasó nada más. Bueno, me limpió la lefa de la barriga y me dijo que mi semen tenía buen color y era abundante. Que a ese paso me darían el alta súper pronto. No, bestia. No me hacían depositar el semen en un vasito. Te hacen el seguimiento con análisis de sangre. Pero no puedo hablarte de eso que te caes redondo y no querrás ponerte a hacer la croqueta por la tienda. Pues le contesté que no me importaría quedarme mucho tiempo si él venía a darme polla a diario. La tenía bien grande, ¿no te lo dije? Un pollón en toda regla. No le molesta para caminar pero oye, sí que empecé a mirarle más el paquete después de aquello y se le notaba mogollón con ese pijama que llevan los enfermeros. Seguro que se le hacía la boca agua a sus compañeras cuando lo veían paseando de una habitación a otra por el hospital. Pero era yo el que se lo estaba beneficiando. Pues nada. Al día siguiente tenía turno de noche y a eso de las dos de la mañana se presentó en mi habitación a ver si estaba despierto. Y como me pasaba el día entero durmiendo, por las noches no podía pegar ojo. Aunque en este caso fue mejor así. Se sentó en la cama conmigo y me metió mano mientras me preguntaba qué estaba haciendo. Le enseñé la app de IRC del iPad. Se quedó flipando de que aún existiera el clásico chat y de que alguien lo usara. Soy consciente. Soy un anacronismo con patas. "¿Por qué no usas Wapo, o Grindr? " me preguntó. Le contesté que no conseguía ligar con las apps de ligoteo, que la peña da muchas vueltas pero al final nadie se presenta y que estaba un poco hasta la polla de calientapollas. Y que el chat de toda la vida me funcionaba mejor. Que era más fácil quedar y que la gente solía aparecer. No me creyó, así que se lo demostré. Puse en el general que estaba con un enfermero buenorro y pollón en el hospital y que buscábamos un tercero al que follarle la boca y lefarle bien lefados los morros. Me empezaron a abrir como veinte privados, la mayoría morralla. Pero un autobusero que acababa su turno y que estaba cerca dijo que se apuntaba. "¿Y qué pasa si es un adefesio?" me preguntó Manuel. Ah. Pensaba que ya te había dicho cómo se llamaba el malagueño. Sí, como tu ex. Pero tienes tantos que, se hubiera llamado como se hubiese llamado, habría coincidido con alguno. Pues eso, que le preocupaba que el autobusero no estuviera bueno. Así que le aplicamos el tercer grado y se describió enterito. Y molaba. Y dijo que en quince minutos estaría en la puerta del hospital y Manuel dijo que iría a buscarlo a la puerta y lo subiría a mi habitación. ¿A que eso no te lo esperabas? Me he vuelto mucho más cerdo desde que corté. Prueba de ello es que pillara eso. En fin. No, tienes razón. Yo no debía follarme al autobusero por si las moscas. Aunque hay unas cosas que se llaman condones, por si no lo sabías. Supongo que tú nunca has visto uno de esos. Pero el enfermero estaba vacunado, ya te lo dije. Sí, voy al grano, joder. Sólo te interesan las guarradas. Manuel bajó a por él y lo coló por una de las puertas alejadas de admisiones, se metieron en el ascensor y se vinieron para mi habitación como espías. El malagueño me iba mandando wasaps con cada incidente. "Hemos escuchado un ruido y nos hemos escondido en un baño". Y yo le contestaba: "Joder, no empecéis sin mí." Tardaron un rato pero al final se presentaron partiéndose el culo. Yo los esperaba con la polla en la mano, bien dura. "Tu amigo no pierde el tiempo" dijo el autobusero refiriéndose a mí. ¿Qué? Sí, estaba buenísimo. Grandote, con barba. Pezonacos. Aunque se los vi y comí luego, claro. Y pollón, precumero y lefero. Todo lo que me gusta en un hombre. Manuel le dijo que empezara a mamármela. El autobusero se vino hacia mí y yo miré a Manuel acojonao. Pero ya habían hablado. El autobusero era inmune al bicho. Sí. Había tenido la misma hepatitis que yo hace como diez años. Así que podía mamármela sin peligro. Sí. Ya sé que te da mal rollo pero deberíamos hablar de eso algún día. No puedes ir por ahí mamándosela a cuarenta tíos distintos sin condón. La hepatitis es entre cincuenta y cien veces más fácil de pillar que el VIH y te puedes joder el hígado de por vida. Por lo menos hay vacuna desde los años ochenta. Deberías hacerlo. Yo no tenía ni idea y mira. Me importa una mierda si te he atragantado el desayuno, puta. Son cosas que tienes que saber. Te las digo por tu bien. No es agradable acabar en el hospital más amarillo que Homer Simpson. Bueno, vale. No te hablo más de eso. Pero ve con cuidado. Al caso. Que el autobusero estaba para mojar pan y como le habíamos prometido lefarle los morros se vino y se acopló a mi verga como un bebé a su chupete mientras el enfermero malagueño le acariciaba el culazo aún enfundado en sus pantalones reglamentarios de autobusero. Sólo tenía encendida la luz de la cama, pero ya eran casi las tres de la mañana, y el ventanal de mi habitación estaba justo en el puto centro del hospital. Imagina el interior de un cuadrado. Pues eso. Mi habitación se veía desde todas las demás, así que si había alguien despierto se pondría las botas con nuestro espectáculo. Pues sí. El autobusero la mamaba de puta madre. No lo sé. Yo no intenté que se atragantara. No le hago eso a todo el mundo. A veces me gusta disfrutar de mamadas no extremas. Pero sabía cómo mamarla, vaya que sí. Me puso cerdísimo. Mi enfermerito le bajó los pantalones mientras el autobusero seguía enchufado a mi rabo y le acarició la raja del culo, dándole golpecitos en el orto como si fuera un coño. El tío puso el culo bien en pompa. "¿Quieres que te folle?" le preguntó Manuel. "¿La tienes grande?" le preguntó el autobusero. "La tiene enoooorme" le contesté yo. Al autobusero le pareció bien y el malagueño se enfundó un condón XXL y le empezó a pasear el trabuco por la raja y a escupirle en el agujero. Uff. Me estoy poniendo malo sólo de recordarlo. El autobusero se puso to loco con la polla a las puertas y me la comía como un cabrón. Un mamadón. Me costó horrores no preñarle la boca ahí mismo. Y eso que aún no se la habían clavado. Yo miraba por la ventana preguntándome a cuántos maricones enfermitos les estábamos alegrando la noche y a cuántos gilipollas homófobos se la estábamos jodiendo. Te lo puedes imaginar. No puedo relatarte todo paso por paso. No puedo describirte su cabeza subiendo y bajando, el tío tragando polla como un cabrón y el enfermero metiéndole pollazos a toda hostia. Más que nada porque si te lo describo todo tendría que hacerme una paja y estoy en la calle. Jajaja. No puedo ir a casa ahora. Estoy lejísimos. Pues en un parque. No puedo hacer un espectáculo aquí. Hay menores. Y contándote esto ya voy bastante empalmao. Alguna madre se va a dar cuenta del bulto y va a pensar que soy un pervertido. Pues claro que lo soy, pero no de ese tipo. Espera. Tengo una idea. Hay unas murallas aquí cerca. Arriba me podré sacar la polla. Pero sin que sirva de precedente. Sí. Voy andando para allá. Cuando llegue te aviso. ¿Dónde estaba? Ah, sí. Bueno, el malagueño se la metió enterita al autobusero, empezó a reventarlo a pollazos y éste, encendido por el tremendo pollote y el metesaca me empezó a babear la polla como un puto cerdo, a tragar como si le fuera la vida en ello. Ya te digo. Me costaba horrores no lefarle los morros con semejante mamada. Después de un rato de follárselo a saco el enfermero malagueño se la sacó al autobusero y me pasó un condón para que me lo follara yo. No, a mí no me dio un XXL. Sabes que estoy bien armao pero no la tengo tan gorda. Bueno, cada uno tiene que vivir con sus limitaciones. La cosa es que al autobusero le hicieron chiribitas los ojos cuando vio la pollaca que le iba a ensartar la boca. Y creo que le apetecía el cambio, seguro que le había dolido tener todo eso dándole tanta caña por el culo. Ahora tendría que hacerle sitio entre los morros. Me puse el condón rápidamente e intercambiamos posiciones. Fue un gustazo entrar a saco en un culo tan abierto. Pude ponerme a empalarlo hasta el fondo sin tener que abrírselo yo ni andarme con florituras. Gracias. Siempre me dices eso. Me alegro de que tengas tan buen recuerdo de mis enculadas. Jajajajaja. Eso nunca lo había oído. Así que tu culo tiene memoria táctil de mi polla. ¿Y eso cómo funciona? ¿Cuando te cuento que me follo a alguien te da un respingo el ano? ¿Lo sientes lleno de verga? Jajajja, estás como una puta cabra. No, todavía estoy lejos. Pero no sé qué más detalles esperas, yo no soy el que escribe relatos eróticos. Te lo cuento como lo recuerdo. Cuando me estaba follando al autobusero y él se la mamaba a mi enfermero se encendió una luz en una de las habitaciones del ala que quedaba enfrente de la nuestra. Un hombre joven. Sí. Salió de la cama y se acercó con el gotero a la ventana. Al principio sólo nos miraba. Luego se sacó la polla y empezó a hacerse un pajote. Lo habíamos puesto cerdaco. En serio. No me invento nada. Sucedió tal cual. De hecho el tío nos hacía gestos de que quería venirse a mi habitación pero Manuel le dijo que no con el dedo un montón de veces. Pues no se me había ocurrido. Es verdad. A lo mejor mi enfermero malagueño también le hacía pajotes a otros pacientes. Podía ser que también calentara a éste. Aunque no creo. Mi enfermero era de la planta de digestivo. El ala de enfrente no creo que fuera digestivo también. Bueno, da igual. El caso es que tuvimos público. Ése encendió la luz pero a saber cuantos más nos observaban en la oscuridad. Mi rabo entraba y salía del orto del autobusero a toda pastilla. Se la metía hasta el fondo, bien adentro, hasta los cojones, y le daba nalgadas de vez en cuando. Ya sé que eso nunca te lo hice a ti pero he evolucionado. Como los pokemon. Con cada embestida el pobre autobusero quedaba más empalado entre los dos. Con la polla del malagueño sí que se atragantó el pobre. Estuvo a punto de vomitar varias veces. No sé. Echaba una cantidad de babas impresionante. Yo veía como le brillaba la pollaca al malagueño, toda empapada. Sí, le empapó los cojones bien empapados. ¿Eso te mola?  Tendrías que haber estado allí. Lo pasamos de vicio. Oye. Estoy llegando a la muralla. Voy para las escaleras. Parece que aquí hay movimiento. Que sí, tío. Zona cruising. No tenía ni idea. Pues hay un tío. De unos cuarenta y pocos. Con gafas de sol y gorra negra. ¿Que qué hace? Pues tocarse la polla. No, no la tiene fuera. Me mira y se toca el paquete. Voy a subir. No creo que me siga. Me ha oído, sabe que estoy hablando. Hostia, pues sí, me sigue. No sé. ¿Tú qué harías? Bueno, no sé para qué pregunto. Tú se la comerías y luego pondrías el culo y te lo abrirías a dos manos. No. Sí, no está nada mal el tío. No es un oso pero no me importaría darle un poco de caña. Espera. Me siento. Ya. No, sigue ahí. Está como a unos quince metros de donde me he sentado. Sigue tocándose el bulto. Sí, pinta bien. Parece gorda y larga desde aquí. Bueno, no me importaría. Si viene hasta aquí y me la planta en la boca no le voy a decir que no. Coño, que viene. Qué corte. No. Está mirando por si se acerca alguien pero parece que no hay moros en la costa. Se ha sacado la polla. ¡Joder! ¡Qué trasto! Lo tengo ya delante. Espera, le pregunto. Mi amigo quiere saber si me dejas hacerte una foto de la polla. Sólo de la polla, claro. No te preocupes. ¿Héctor? Te la estoy enviando al wasap. Siiiii, cojonudaaaaaa. Vale, no cuelgo. Lo pondré cerca para que oigas como le cerdeo la polla. Mmm, qué ricaaaaaa.

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