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Enfermero malagueño II
Hola. ¿Cómo andas?
Ostras, sí. Aquí también. Un calor que te cagas. Y mosquitos a punta pala. Ayer
no se podía caminar por la calle. Te comían vivo. No. Juan bien. Bueno, en
realidad no lo sé. Lo veo poco. Me lo cruzo a veces paseando a la perra pero
intento esquivarlo. Lo paso fatal cuando nos vemos. Más por la perra que por
él, aunque si me escuchara decir esto me mataría. Se la quedó él, ¿no te lo
dije? Jajaja. No. Si le pidiera la custodia compartida le explotaría la cabeza.
Pero mejor así, oye. Yo no tendría tiempo de sacarla. Él la cuidará mejor. Es
lo que tiene trabajar desde casa. ¿Qué? Sí, claro. Yo te cuento lo que quieras.
Nos quedamos a medias con lo del enfermero malagueño. Y ha habido novedades.
No, hombre, no he vuelto por el hospital. Ya estoy bien. Me lo encontré en una
cafetería. Pero ya llegaremos ahí. Creo que sólo te conté la primera paja. Pasaron
muchas más cosas. Sí, te lo contaré en orden cronológico. Así lo puedes
utilizar para uno de tus relatos si quieres. Pero si sacas pasta con ese,
quiero una parte. Claaaaaro. Pues ese día no pasó nada más. Bueno, me limpió la
lefa de la barriga y me dijo que mi semen tenía buen color y era abundante. Que
a ese paso me darían el alta súper pronto. No, bestia. No me hacían depositar
el semen en un vasito. Te hacen el seguimiento con análisis de sangre. Pero no
puedo hablarte de eso que te caes redondo y no querrás ponerte a hacer la
croqueta por la tienda. Pues le contesté que no me importaría quedarme mucho
tiempo si él venía a darme polla a diario. La tenía bien grande, ¿no te lo
dije? Un pollón en toda regla. No le molesta para caminar pero oye, sí que
empecé a mirarle más el paquete después de aquello y se le notaba mogollón con
ese pijama que llevan los enfermeros. Seguro que se le hacía la boca agua a sus
compañeras cuando lo veían paseando de una habitación a otra por el hospital.
Pero era yo el que se lo estaba beneficiando. Pues nada. Al día siguiente tenía
turno de noche y a eso de las dos de la mañana se presentó en mi habitación a
ver si estaba despierto. Y como me pasaba el día entero durmiendo, por las
noches no podía pegar ojo. Aunque en este caso fue mejor así. Se sentó en la
cama conmigo y me metió mano mientras me preguntaba qué estaba haciendo. Le
enseñé la app de IRC del iPad. Se quedó flipando de que aún existiera el
clásico chat y de que alguien lo usara. Soy consciente. Soy un anacronismo con
patas. "¿Por qué no usas Wapo, o Grindr? " me preguntó. Le contesté
que no conseguía ligar con las apps de ligoteo, que la peña da muchas vueltas
pero al final nadie se presenta y que estaba un poco hasta la polla de
calientapollas. Y que el chat de toda la vida me funcionaba mejor. Que era más
fácil quedar y que la gente solía aparecer. No me creyó, así que se lo
demostré. Puse en el general que estaba con un enfermero buenorro y pollón en
el hospital y que buscábamos un tercero al que follarle la boca y lefarle bien
lefados los morros. Me empezaron a abrir como veinte privados, la mayoría
morralla. Pero un autobusero que acababa su turno y que estaba cerca dijo que
se apuntaba. "¿Y qué pasa si es un adefesio?" me preguntó Manuel. Ah.
Pensaba que ya te había dicho cómo se llamaba el malagueño. Sí, como tu ex.
Pero tienes tantos que, se hubiera llamado como se hubiese llamado, habría
coincidido con alguno. Pues eso, que le preocupaba que el autobusero no
estuviera bueno. Así que le aplicamos el tercer grado y se describió enterito.
Y molaba. Y dijo que en quince minutos estaría en la puerta del hospital y
Manuel dijo que iría a buscarlo a la puerta y lo subiría a mi habitación. ¿A
que eso no te lo esperabas? Me he vuelto mucho más cerdo desde que corté.
Prueba de ello es que pillara eso. En fin. No, tienes razón. Yo no debía
follarme al autobusero por si las moscas. Aunque hay unas cosas que se llaman
condones, por si no lo sabías. Supongo que tú nunca has visto uno de esos. Pero
el enfermero estaba vacunado, ya te lo dije. Sí, voy al grano, joder. Sólo te
interesan las guarradas. Manuel bajó a por él y lo coló por una de las puertas
alejadas de admisiones, se metieron en el ascensor y se vinieron para mi
habitación como espías. El malagueño me iba mandando wasaps con cada incidente.
"Hemos escuchado un ruido y nos hemos escondido en un baño". Y yo le
contestaba: "Joder, no empecéis sin mí." Tardaron un rato pero al
final se presentaron partiéndose el culo. Yo los esperaba con la polla en la
mano, bien dura. "Tu amigo no pierde el tiempo" dijo el autobusero
refiriéndose a mí. ¿Qué? Sí, estaba buenísimo. Grandote, con barba. Pezonacos.
Aunque se los vi y comí luego, claro. Y pollón, precumero y lefero. Todo lo que
me gusta en un hombre. Manuel le dijo que empezara a mamármela. El autobusero
se vino hacia mí y yo miré a Manuel acojonao. Pero ya habían hablado. El
autobusero era inmune al bicho. Sí. Había tenido la misma hepatitis que yo hace
como diez años. Así que podía mamármela sin peligro. Sí. Ya sé que te da mal
rollo pero deberíamos hablar de eso algún día. No puedes ir por ahí mamándosela
a cuarenta tíos distintos sin condón. La hepatitis es entre cincuenta y cien
veces más fácil de pillar que el VIH y te puedes joder el hígado de por vida.
Por lo menos hay vacuna desde los años ochenta. Deberías hacerlo. Yo no tenía
ni idea y mira. Me importa una mierda si te he atragantado el desayuno, puta.
Son cosas que tienes que saber. Te las digo por tu bien. No es agradable acabar
en el hospital más amarillo que Homer Simpson. Bueno, vale. No te hablo más de
eso. Pero ve con cuidado. Al caso. Que el autobusero estaba para mojar pan y
como le habíamos prometido lefarle los morros se vino y se acopló a mi verga
como un bebé a su chupete mientras el enfermero malagueño le acariciaba el
culazo aún enfundado en sus pantalones reglamentarios de autobusero. Sólo tenía
encendida la luz de la cama, pero ya eran casi las tres de la mañana, y el
ventanal de mi habitación estaba justo en el puto centro del hospital. Imagina el
interior de un cuadrado. Pues eso. Mi habitación se veía desde todas las demás,
así que si había alguien despierto se pondría las botas con nuestro
espectáculo. Pues sí. El autobusero la mamaba de puta madre. No lo sé. Yo no
intenté que se atragantara. No le hago eso a todo el mundo. A veces me gusta
disfrutar de mamadas no extremas. Pero sabía cómo mamarla, vaya que sí. Me puso
cerdísimo. Mi enfermerito le bajó los pantalones mientras el autobusero seguía
enchufado a mi rabo y le acarició la raja del culo, dándole golpecitos en el
orto como si fuera un coño. El tío puso el culo bien en pompa. "¿Quieres
que te folle?" le preguntó Manuel. "¿La tienes grande?" le
preguntó el autobusero. "La tiene enoooorme" le contesté yo. Al
autobusero le pareció bien y el malagueño se enfundó un condón XXL y le empezó
a pasear el trabuco por la raja y a escupirle en el agujero. Uff. Me estoy
poniendo malo sólo de recordarlo. El autobusero se puso to loco con la polla a
las puertas y me la comía como un cabrón. Un mamadón. Me costó horrores no
preñarle la boca ahí mismo. Y eso que aún no se la habían clavado. Yo miraba
por la ventana preguntándome a cuántos maricones enfermitos les estábamos
alegrando la noche y a cuántos gilipollas homófobos se la estábamos jodiendo.
Te lo puedes imaginar. No puedo relatarte todo paso por paso. No puedo
describirte su cabeza subiendo y bajando, el tío tragando polla como un cabrón
y el enfermero metiéndole pollazos a toda hostia. Más que nada porque si te lo
describo todo tendría que hacerme una paja y estoy en la calle. Jajaja. No
puedo ir a casa ahora. Estoy lejísimos. Pues en un parque. No puedo hacer un
espectáculo aquí. Hay menores. Y contándote esto ya voy bastante empalmao.
Alguna madre se va a dar cuenta del bulto y va a pensar que soy un pervertido.
Pues claro que lo soy, pero no de ese tipo. Espera. Tengo una idea. Hay unas
murallas aquí cerca. Arriba me podré sacar la polla. Pero sin que sirva de
precedente. Sí. Voy andando para allá. Cuando llegue te aviso. ¿Dónde estaba?
Ah, sí. Bueno, el malagueño se la metió enterita al autobusero, empezó a
reventarlo a pollazos y éste, encendido por el tremendo pollote y el metesaca
me empezó a babear la polla como un puto cerdo, a tragar como si le fuera la
vida en ello. Ya te digo. Me costaba horrores no lefarle los morros con
semejante mamada. Después de un rato de follárselo a saco el enfermero
malagueño se la sacó al autobusero y me pasó un condón para que me lo follara
yo. No, a mí no me dio un XXL. Sabes que estoy bien armao pero no la tengo tan
gorda. Bueno, cada uno tiene que vivir con sus limitaciones. La cosa es que al
autobusero le hicieron chiribitas los ojos cuando vio la pollaca que le iba a
ensartar la boca. Y creo que le apetecía el cambio, seguro que le había dolido
tener todo eso dándole tanta caña por el culo. Ahora tendría que hacerle sitio
entre los morros. Me puse el condón rápidamente e intercambiamos posiciones.
Fue un gustazo entrar a saco en un culo tan abierto. Pude ponerme a empalarlo
hasta el fondo sin tener que abrírselo yo ni andarme con florituras. Gracias.
Siempre me dices eso. Me alegro de que tengas tan buen recuerdo de mis
enculadas. Jajajajaja. Eso nunca lo había oído. Así que tu culo tiene memoria
táctil de mi polla. ¿Y eso cómo funciona? ¿Cuando te cuento que me follo a
alguien te da un respingo el ano? ¿Lo sientes lleno de verga? Jajajja, estás
como una puta cabra. No, todavía estoy lejos. Pero no sé qué más detalles
esperas, yo no soy el que escribe relatos eróticos. Te lo cuento como lo
recuerdo. Cuando me estaba follando al autobusero y él se la mamaba a mi
enfermero se encendió una luz en una de las habitaciones del ala que quedaba
enfrente de la nuestra. Un hombre joven. Sí. Salió de la cama y se acercó con
el gotero a la ventana. Al principio sólo nos miraba. Luego se sacó la polla y
empezó a hacerse un pajote. Lo habíamos puesto cerdaco. En serio. No me invento
nada. Sucedió tal cual. De hecho el tío nos hacía gestos de que quería venirse
a mi habitación pero Manuel le dijo que no con el dedo un montón de veces. Pues
no se me había ocurrido. Es verdad. A lo mejor mi enfermero malagueño también
le hacía pajotes a otros pacientes. Podía ser que también calentara a éste.
Aunque no creo. Mi enfermero era de la planta de digestivo. El ala de enfrente
no creo que fuera digestivo también. Bueno, da igual. El caso es que tuvimos
público. Ése encendió la luz pero a saber cuantos más nos observaban en la
oscuridad. Mi rabo entraba y salía del orto del autobusero a toda pastilla. Se
la metía hasta el fondo, bien adentro, hasta los cojones, y le daba nalgadas de
vez en cuando. Ya sé que eso nunca te lo hice a ti pero he evolucionado. Como
los pokemon. Con cada embestida el pobre autobusero quedaba más empalado entre
los dos. Con la polla del malagueño sí que se atragantó el pobre. Estuvo a
punto de vomitar varias veces. No sé. Echaba una cantidad de babas
impresionante. Yo veía como le brillaba la pollaca al malagueño, toda empapada.
Sí, le empapó los cojones bien empapados. ¿Eso te mola? Tendrías que haber estado allí. Lo pasamos de
vicio. Oye. Estoy llegando a la muralla. Voy para las escaleras. Parece que
aquí hay movimiento. Que sí, tío. Zona cruising. No tenía ni idea. Pues hay un
tío. De unos cuarenta y pocos. Con gafas de sol y gorra negra. ¿Que qué hace?
Pues tocarse la polla. No, no la tiene fuera. Me mira y se toca el paquete. Voy
a subir. No creo que me siga. Me ha oído, sabe que estoy hablando. Hostia, pues
sí, me sigue. No sé. ¿Tú qué harías? Bueno, no sé para qué pregunto. Tú se la
comerías y luego pondrías el culo y te lo abrirías a dos manos. No. Sí, no está
nada mal el tío. No es un oso pero no me importaría darle un poco de caña.
Espera. Me siento. Ya. No, sigue ahí. Está como a unos quince metros de donde
me he sentado. Sigue tocándose el bulto. Sí, pinta bien. Parece gorda y larga
desde aquí. Bueno, no me importaría. Si viene hasta aquí y me la planta en la
boca no le voy a decir que no. Coño, que viene. Qué corte. No. Está mirando por
si se acerca alguien pero parece que no hay moros en la costa. Se ha sacado la
polla. ¡Joder! ¡Qué trasto! Lo tengo ya delante. Espera, le pregunto. Mi amigo
quiere saber si me dejas hacerte una foto de la polla. Sólo de la polla, claro.
No te preocupes. ¿Héctor? Te la estoy enviando al wasap. Siiiii, cojonudaaaaaa.
Vale, no cuelgo. Lo pondré cerca para que oigas como le cerdeo la polla. Mmm,
qué ricaaaaaa.
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