jueves, 12 de mayo de 2016

Planta carnívora, un relato erótico gay rarito rarito


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Planta carnívora



Estoy en una cueva. Pero hay iluminación eléctrica. Corro y en los cristales de mis gafas se producen destellos estroboscópicos. Choco con algo. No hay nada delante de mí pero no puedo pasar. Palpo la pared invisible. Encuentro el interruptor invisible. Escucho el Ding Dong. El interruptor es un timbre. Qué extraño. Espero a que alguien invisible me deje pasar. Escucho una voz incorpórea. "¿Qué haces aquí? Mi mujer puede venir en cualquier momento". La pared invisible ha desaparecido y sigo corriendo. Vuelvo a chocar contra algo. Esta vez me he hecho daño. Paso las manos por la nueva pared. Es distinta. Parece un objeto. Encuentro un tirador. Abro el objeto. De la nada aparece el interior de una nevera. Una nevera cuya puerta es invisible pero no su interior. Reviso el contenido de la nevera. Escojo la mantequilla. Cierro la nevera y sigo corriendo. Hay un salto en el devenir de los eventos. He llegado a mi destino. Una planta carnívora. Intento tocarla y se cierra un poco. Tengo que tratarla con cuidado. Meto los dedos en la mantequilla y doy de comer a la planta. Le gusta. La boca de la planta carnívora se cierra alrededor de mis dedos. Los apreta. Está caliente ahí dentro. Pongo más mantequilla. A la planta le gusta. Se retuerce. Ha llegado la hora. Me bajo la cremallera, me saco la polla y se la doy de comer a la planta carnívora. Es una planta carnívora reloj. Se sincroniza conmigo. La mantequilla ayuda. Estoy dentro. Empujo. Empujo. La boca de la planta sonríe, su garganta se amolda perfectamente a mi miembro. La mantequilla ayuda. Empujo. La cueva comienza a desaparecer a mi alrededor. Hay una ventana abierta a mi izquierda. Estoy en un dormitorio, junto a la cama. La planta carnívora se retuerce sobre la cama, es más grande de lo que parecía. Pongo más mantequilla. Lo agradece. Hay fotos en la mesilla de noche. La planta carnívora tiene dos hijos varones. La voz incorpórea que me abrió la puerta invisible me pide que me lo folle más fuerte. La planta carnívora se transforma ante mis ojos. La boca no es una boca. Es un orto. El culo de mi vecino se pega contra mí, agradecido. La mantequilla le chorrea por las piernas y a mí por mis cojones duros. Me estoy follando a mi vecino. La cueva ha desaparecido del todo. Estoy en la habitación de mi vecino. Follándome por el culo a mi vecino. Parece más real que la planta carnívora. Pero no sé si es real. Sólo hay una cosa que pueda hacer hasta que lo descubra y es seguir metiendo la polla hasta el fondo en ese culo pringado de mantequilla. Mi vecino se retuerce de gusto. Su ano se amolda perfectamente a mi polla. Como anillo al dedo. Mi vecino gime. Disfruta. "Deprisa", dice. "Córrete, venga. Mi mujer está a punto de llegar".
—Tendrás que lavar las sábanas. —Le contesto, ya completamente despierto. —Y se va a dar cuenta de que aquí huele a mantequilla.
—Por eso no te preocupes. Tú córrete deprisa y todo irá bien.
No consigo correrme deprisa. Tardo como veinte minutos intentando no pensar en que ha vuelto a ocurrirme. Finalmente exploto. La leche sale disparada. Se la he sacado en el último segundo y me derramo en su espalda. Él se está  corriendo también. Le encanta sincronizarse conmigo.
Nos limpiamos a toda velocidad y antes de irme me sincero.
—He tenido otro episodio. Cuando he llegado no sabía dónde estaba. Creo que puedo llegar a ser peligroso. ¿Qué pasa si un día no eres tú quien me abre la puerta?
—Ven a verme mañana a la consulta. Te ajustaré la medicación.
Me abraza y me promete que todo irá bien.
—Lo de la mantequilla me ha gustado —dice.
—Le estaba dando de comer a una planta carnívora.
—Vete a casa. Mañana nos vemos.
Salgo de su casa y me encuentro con su mujer. Me saluda muy seria. Parece enfadada. Me quedo un rato junto a la puerta. Les oigo discutir.
—No me gusta que recibas pacientes en casa. No quiero cruzarme con ellos.

Extrañado bajo hasta la calle. Veo mi coche. Y me doy cuenta de que en realidad él y yo no somos vecinos.
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A continuación lo que encontrarás en el ebook en detalle:

Planta carnívora: Y otros relatos eróticos de temática gay

Este volumen incluye los siguientes relatos eróticos de temática gay del escritor Marcos Sanz: 

Sólo me pasan cosas buenas 
Un escritor de libros de autoayuda que considera que el universo conspira a su favor ve como sus creencias son puestas a prueba cuando un lector descontento lo aborda en el hotel con intención de violarlo. 

Dándole en el hotel… lo que se merece 
Paco y Juan son dos seguratas que trabajan en un hotel. Un chico se suele colar para intentar ponerlos calientes a través de las cámaras. Hasta que una noche, Paco conseguirá atraparlo y le dará lo que se merece mientras su compañero mira tras la pantalla. 

Planta carnívora 
Relato corto y desquiciado. Se recomienda el uso de mantequilla al leerlo. 

Enfermero malagueño 
El relato telefónico que le hago a un amigo cachondo de cuando estuve en marzo en el hospital y conseguí poner to cerdo al enfermero. 

Joe 2.0 
Joe es un héroe que aparece en ciertos momento de mi vida... para salvarme de una muerte horrible. La primera vez yo tenía ocho años. La segunda acababa de cumplir los treinta. Pero Joe no había cambiado nada... 

Calentón en el podcast 
Estás a punto de averiguar por qué "Precumeros" es el podcast más caliente de la red. No te vas a creer de qué son capaces sus presentadores para hacer crecer la... audiencia. 

Infiel 
Marcos es infiel. Tan infiel que le puso los cuernos a su marido el mismo día de su boda. Dos veces. Tan infiel que aprovecha hasta cuando van al supermercado para darse una escapada a los baños a ver lo que pilla. El mejor amigo de su marido los visita unos días... y es posible que esta vez toda la situación le estalle en la cara. 

Sobre el autor: Marcos Sanz es un escritor (y un tío guapo y bastante bear) de relatos eróticos de temática gay. Si estás buscando leer relatos eróticos gays para hombres escritos por un hombre, has llegado al lugar indicado. 

Recuerda, está disponible en: amazon, iTunes, Google Play, Kobo y Smashwords.
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