Algo serio
Cenamos en casa de
Joan. Él y yo solos, como cada viernes. Tenemos la tele puesta pero le hemos
quitado el sonido para poder hablar. Nos gusta mucho cascar. Demasiado, diría
yo. Joan me sirve más vino.
—¿Y cómo va la
búsqueda de novio? —Me pregunta.
Suspiro.
—Fatal. Ya no sé qué
más hacer, a parte de apuntarme a algún concurso de bodas de la tele cuando
haya alguno para gais y no apeste.
—¿Probaste la app que
te dije?
—Las he probado
todas. Grindr, wapo, u4bear, growlr, surge...
—¿Surge? Esa no me
suena —dice Joan, cogiendo su móvil. —¿Te cambiaste de nick? ¿Te pusiste lo que
te dije?
—Sí. Ahora soy
AlgoSerio en todas. Y con foto de cara. La que me sacaste. Y con todos los
datos interesantes en el perfil.
—¿Y no te ha entrado
nadie?
—Ni Dios. Yo creo que
eso los ahuyenta más.
—Tiene que haber por
ahí tíos interesados en tener novio. Y tú eres un partidazo.
—Pues se esconden que
da gusto.
—¿Pero no llegas ni
siquiera al café?
—No. Ni a eso. A ver,
follar es fácil. Salgo a veces por la muralla antigua de noche y todos los que
están en el Grindr están allí. Pero nadie busca nada más allá de un polvo
rápido y completamente insatisfactorio. Nadie toma ya café para conocerse
antes. Esas apps no han acabado sólo con los bares de ambiente. También han
acabado con el ligoteo en general. Una pena...
—Me parece muy raro.
—Y a los que ponen en
su perfil que están buscando amigos con derecho a roce, mentira. Te piden
primero foto de polla y si no les entra por el ojo ni amigos ni media palabra
más. Que cuando lees lo de amigo con derecho a roce piensas, con este podemos
empezar por la fase de amigos y ya veremos. Pues no. Es lo mismo que lo otros
pero disfrazado de buen rollo.
—Pero tú tienes un
buen rabo. No me puedo creer que les mandes foto de polla y no se les haga la
boca agua.
—Pues no, hijo. No
hay manera.
—Algo haces mal. No
les estarás hablando de tu ex, ¿no? Los capítulos supurantes no cerrados
ahuyentan a cualquiera.
—Créeme. No llego a
la etapa de poder hablar de nada personal.
—Y no les entras sólo
a niñatos, ¿no?
—Qué va. Busco gente
de mi edad. Que digo yo que por generación a lo mejor les interesa lo que a mí.
Pero tampoco.
—Vamos a hacer una
cosa. Deja lo de Algo Serio pero en la información ampliada pon que estás
casado y que tu marido no debe enterarse. Eso será suficiente para que a más de
uno le explote la cabeza y quiera saber de qué vas —se le ocurre a Joan.
Me parece divertido y
hago lo que me pide. Coloco la nueva información en todas las apps.
Seguimos cenando y hablando
de todo un poco. El sex shop le va cada vez mejor. Está vendiendo más condones
y más lubricante que nunca. Internet ha revolucionado el sexo marica. Si antes
ya follábamos como conejos ahora todavía más. Como conejos al cuadrado. Lo
bueno de tener un amigo sex shopero es que los condones, el lubricante y alguna
polla de látex un poco defectuosa me han salido siempre gratis.
Tras la cena vemos
una peli. La de la coneja poli. Nos sorprende. Está muy bien. Mucho mejor de lo
que esperábamos. Salen los 274 hermanos de la coneja y los dos nos partimos de
risa. Precisamente ahora nos sale eso cuando habíamos hablado de follar como
conejos hace un momento. Qué casualidad.
Llega un mensaje. Un
tío quiere saber como es eso de que busque algo serio pero a la vez tenga
marido. Le contesto que lo de mi marido no es serio. Que es de broma. Que no me
folla, que no me toca, que no se excita. Pero que es extremadamente celoso y
que no quiere que seamos pareja abierta. Que nos quiere solitos y juntitos los
dos con la estufita y la mesa camilla hasta secarnos de viejecitos. Y digo yo,
un oso nunca llegará a secarse de viejecito. A lo mejor es que los osos ni
llegamos a viejos. Qué mal rollo, me dice el tío. Ya no me escribirá nunca más.
Joan me coge la
tablet y lee todo lo que le he puesto. Niega con la cabeza. Está pensando que
soy tonto del culo.
—Déjame a mí —dice.
Y cuando me entra
otro, casi cuando la peli está a punto de acabar, contesta él.
"¿Cómo va eso de
buscar algo serio estando casado? ¿Buscas un amante? ¿Una clásica zorrita? ¿Un
amor en cada puerto? " —Ha escrito el nuevo.
—Coño, éste tiene
incontinencia verbal, como tú —dice Joan. —Y es guapo.
—Sí que es guapo, sí.
—Vale. Ahora verás
cómo se hace.
"Vente a mi casa
y te lo explico con PELOS pero sin dejarte señales".
—Qué poético
—comento.
Sorprendentemente
funciona.
"¿Dónde
vives?" —Escribe el hombre guapo.
Joan le pasa su
dirección y listos. En diez minutos promete estar llamando al timbre.
—No me creo que vaya
a venir. Ha sido tan fácil...
Joan se da brillo a
las uñas en la camisa.
—Confía en el
experto. Esta ha sido gratis. La próxima te la cobro.
—¿Y tú qué harás?
—Yo hago de tu
marido. Ahora me meteré un rato en el cuarto a cerdear por la cam. Tú haz como
si estuvieras solo en casa. Trajínatelo si se deja. Si no te gusta o es un
maniaco mándame un wasap y entraré en escena. Le daremos un susto de muerte y
saldrá por patas.
—Vale. Pero no seas
muy bestia.
—¿Yo bestia? Me
ofendes, Anselm.
—No aparezcas con un
cuchillo a ver si se va a asustar de verdad, se va a defender con uñas y
dientes y esto va a acabar en un baño de sangre.
—De acuerdo. Nada de
cuchillos. De hecho, los voy a esconder todos en el altillo del armario.
Ni cinco minutos
después llaman al timbre. El hombre guapo lo es más en persona. Joan ya se ha
metido en su cuarto a enseñar polla y ojete a un montón de desconocidos.
—Deja la chaqueta ahí
si quieres —le digo a mi ligue. —¿Cómo te llamas? Joder, eres guapísimo.
—Jaume. Tú también
estás muy bueno.
—Gracias. ¿Quieres tomar
algo?
—Vale. ¿Qué tienes?
—Pues no lo sé, no es
mi casa.
—¿No es tu casa?
Voy a la cocina
mordiéndome la lengua y abro la nevera.
—Es broma. Un chiste
interno. La casa la pagó mi marido. Si nos divorciamos me quedaré sin nada.
Todo es suyo.
—Joder. No te folla y
encima te dejará en la calle si se te ocurre marcharte. —El hombre guapo me
cierra la nevera y se pega a mi espalda. Siento su miembro duro contra mi
ojete.
—Dios. ¿Ya estás así?
—He venido así de
casa.
—¿Viagra?
—No. El saber que voy
a darle carne a alguien que de verdad la necesita.
Restriego mi culo
contra su paquetón y pongo los ojos en blanco.
—Uff, eso se siente
muy grande.
—¿La quieres dentro?
—No para empezar.
Para terminar, sí. Bien dentro.
Jaume me hace darme
la vuelta, me mete las manos bajo el polo y me agarra les pezones. Sonríe al
ver que pongo los ojos en blanco y me da un morreo exquisito. Nuestros
pantalones chocan, nuestras pollas se saludan.
—Estás tremendo —me
halaga.
—Tú también.
—Me encantaría ser tu
marido. Ese culo no pasaría hambre nunca.
—¿Eres sólo activo?
—No. Hago de todo y
todo lo hago bien.
—Joder. Eres
perfecto. Tendría que haberte conocido hace quince años, cuando me casé.
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Jaume se saca la
polla y me la saca a mí también. Seguimos en la cocina. Tiene una polla
impresionante. Realmente apetitosa. Pero él está flipando con la mía.
—Hostia, qué gorda.
Me palpa los cojones.
No le caben en la mano.
—Y qué cojonarros.
¿Eres lefero?
—Y precumero. Muy
precumero.
—Jodeeer. Tú sí que
eres el hombre perfecto. Tu marido se merece que lo cosan a hostias.
Jaume cae de rodillas
y le hace un traje de saliva a mi trabuco. No tardo nada en ponerme a
precumarle la boca como un cabrón. El tío se relame.
—Hostias. Esto debe
ser lo más parecido a mamar de la ubre de una vaca —comenta. Lo tomo como un
cumplido. —Mmm, Dios. Qué rico.
Le acaricio la cara
mientras me la chupa. El tío mama muy bien. Joder. Yo quiero que sea mi novio.
No me importa a lo que se dedique, sus traumas o si le falta un puto tornillo.
Quiero esa boca tragando rabo el resto de mi vida.
—Cómo tragas, ¿no?
Qué gusto...
Me la mama tan bien
que estoy a punto de correrme. Le hago levantarse y le como los morros. Su boca
sabe a mi pollaca.
Mientras nos besamos
conseguimos llegar al sillón. Yo quedo debajo, él encima de mí restregando su
polla contra la mía. Seguimos comiéndonos los morros. Me encanta este tío.
Tenemos una química brutal.
—Tengo que follarte
—dice. —No he traído condones. ¿Tú tienes?
Joder. No llevo
ninguno en la cartera.
—Espera aquí. No te
muevas. No me sigas.
—¿Qué pasa?
—Mi marido odia que
le toquen sus cosas. Si entras en nuestra habitación lo sabrá. Tiene un don.
—Vale. Aquí te
espero.
Me quito toda la ropa
para no estamparme con los pantalones y salgo pitando hacia el cuarto de Joan.
Abro la puerta y me lo encuentro a cuatro con todo el culazo frente a la cam,
con un consolador enorme clavado hasta el fondo. Me mira divertido. Cierro la
puerta detrás de mí.
—Condones —le digo.
—En ese cajón. Oye.
Menuda polla. No te la había visto nunca tan dura.
—El tío está
tremendo. Es el hombre de mi vida, joder.
Joan me mira la
polla, obnubilado.
—Déjame catar eso.
Sólo una chupadita.
Lo miro dubitativo
pero al final le planto la pollaca en la boca. Le dejo que me saque tres
precumazos y lo dejo con la miel en los labios.
—¿Por qué no te casas
conmigo? —Dice Joan. —Ya lo hacemos casi todo juntos. Sólo nos falta el sexo.
—Lo siento. Llegas
medio polvo tarde. Pero si a los cincuenta sigo soltero me lo pensaré.
Vuelvo corriendo al
salón con condones y lubricante. Jaume me ha esperado haciéndose un pajote.
También se ha quitado toda la ropa.
—¡Anda, si son los
condones del sex shop de Joan! —Dice.
—¿Conoces a Joan?
—Todo el mundo lo
conoce. Es un semental. Se pasa por la piedra a todos los clientes en la misma
tienda.
Vaya, no sabía que mi
amigo fuese un semental. Ahora no puedo decirle a Jaume que Joan es mi supuesto
marido. Si quiero tener futuro con este tío tendré que inventarme algo bueno. O
decirle la verdad. Miro a mi alrededor a ver si hay alguna foto de Joan en su
salón en la que no me haya fijado. Sólo hay fotos de sus hermanas.
Me tiró en el sillón
más tranquilo y pongo el culo en pompa.
—Fóllame.
Jaume se pone
rápidamente un condón. Le va pequeño.
—Joder. Oye. Me hice
las pruebas hace nada. Estoy más sano que una manzana. ¿Te puedo dar a pelo? No
te la echaré dentro.
—Molt bé —asiento.
Jaume me llena el
orto de lubricante y se acuesta sobre mí. Su polla encuentra fácilmente el
camino. Entra con cierta dificultad pero una vez dentro me hago enseguida a su
tamaño. Folla fantástico. Qué placer ser cubierto por este macho. Joder. Lo
necesito en mi vida. Quiero esto cada noche al volver del trabajo.
Sus jadeos se mezclan
con mis regodeos de satisfacción animal. Cómo la clava el cabrón. Ahí, bien
apurado. Hasta los cojones cada vez. Me llena todo el agujero de carne. Qué
puto gusto.
Mi pollaca escupe
precum con cada arremetida. Me da cada vez más fuerte. Cómo folla el hijo de
puta. Estoy en la gloria.
Vamos demasiado
calientes. Jaume no aguanta mucho más, me la saca con todo el dolor de su
corazón y se sienta en el suelo.
—Córrete en mi boca.
Se hace un pajote
extasiado mientras mira como me levanto y le coloco el trabuco lefero en los
morros. Mi pollaca le llena toda la puta boca.
—Te follo la cara, si
quieres.
Dice que sí. Le
agarro bien fuerte la cabeza y empiezo a darle polla cada vez más profundo,
soltando precumazos a punta pala. El tío es un garganta profunda. Le entra
polla hasta los huevos y más allá. Acelera su pajote con los morros bien llenos
de carne. Ahora es él el que pone los ojos en blanco.
—No tardaré mucho —le
digo, arremetiendo como un cabrón. —Te voy a ahogar de lefa. ¿Estás preparado?
Asiente. Casi no se
le ve la mano. Menudo pajote se está zurrando el tío. Él también está a puntito
de lefar.
Zaca, zaca, zaca. Venga
a meterle polla hasta la tráquea. Cómo babea intentando no ahogarse. Qué gusto.
Zaca, zaca.
—Estoy a punto de
caramelo —le digo.
—Mmm.
—Uffff. Ohhhh, qué
bueno, joder. Buena boca. Traga. Traga. Asiiiiiii.
Las babas le empapan
el pecho. Regueros y regueros me empapan también a mí los cojones. Buena boca,
sí señor.
—Me voy a correr.
Estoy a punto —aviso.
Jaume se retuerce y
de pronto se está corriendo sin remedio ante mi promesa de leche a las puertas
en baboso biberón. Los trallazos de lefa le llenan el pecho, alguno me llega
hasta los cojones. Cuando acaba su abundante corrida comienza la mía. Me
derramo en sus morros en un sinfín de trallazos que engulle como un corderito,
mamando extasiado. Le doy palmaditas en la mejilla mientras le lefo la boca
entera.
—Good boyyyyyy.
Asiiiii. Traga lefa, cabrón. Déjamela bien limpia.
Cómo engulle el
condenado. Me encanta esa boca. Ya le he descargado hasta el último lefazo pero
mi polla sigue bien dura en sus morros. Él tampoco se cansa de chupar por lo
que la mantengo ahí otros diez minutos. Finalmente se la saco para que pueda
limpiarse la baba y su corridote. A mí me ha dejado bien limpito. Hasta me ha
recogido la saliva de los cojones y las piernas. Un hombre muy aplicado.
Nos tomamos un par de
cervezas de Joan mientras hablamos de todo un poco. Nos abrazamos y besamos
apasionadamente cuando se va.
—Si dejas a tu
marido, llámame. No me importaría ocupar su lugar.
Voy corriendo a la
habitación de Joan. Lo encuentro lefándose la palma de la mano en ese mismo
momento para disfrute de todos sus ciberamigos.
—¿Qué pasa? —Dice, al
ver mi expresión.
—¡¡Quiero el
divorcio!!
—Vale, pero la tienda
me la quedo yo.
—¡Joder! ¡Qué tío!
¡Qué pedazo tío! Voy a escribirle y a decirle que no tengo marido.
—¡Ni se te ocurra!
Deja pasar unos días. Sigue un poco con la farsa. En unas semanas le dices que
tu marido se ha ido a trabajar lejos y pegáis un polvazo en tu casa. En un par
de meses que os estáis divorciando.
—Pero si es el hombre
de mi vida y se entera que le mentí para trajinármelo lo perderé.
—Vale. Díselo.
Cojo la tablet y le
escribo un montón de mensajes explicándoselo todo. De su lado, sólo silencio.
"¿Estás
ahí?"
Más silencio.
Hablo con Joan. Estoy
desesperado. Jaume se ha enfadado.
De pronto llaman al
timbre. Abro la puerta. Jaume sonríe. Joan lo saluda.
—Coño. ¿Tu supuesto
marido es el Joan del sex shop?
—Si Anselm fuera mi
marido yo le daría caña cada noche —dice Joan.
Le pido a Joan que
nos deje otra vez a solas. Accede.
Miro a Jaume
inquisitivo.
—¿Estás enfadado?
—¿Bromeas? ¡Vamos a
hartarnos de follar!
—Guay. Pero yo estoy
buscando novio.
—Pues has encontrado
un futuro marido.
Beso de película y
fundido en negro.
Los agradecimientos
al final de los títulos de crédito van para Joan, que lo ha hecho posible.
Joder. Se merece que a partir de ahora le compre los condones.
Escena después de los
créditos: Lo tiene todo: es guapísimo, tiene buena polla, buena boca y buen
culo. Y vaya con el culo. Le taladro el orto con mi polla gruesa y la engulle
enterita sin problemas.
Creo que vamos a ser muy felices.
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