lunes, 6 de junio de 2016

Algo serio. Anselm intenta desesperadamente encontrar novio a través de varias apps de contactos. Relato erótico gay

Algo serio. Anselm intenta desesperadamente encontrar novio a través de varias apps de contactos. Relato erótico gay

Algo serio



Cenamos en casa de Joan. Él y yo solos, como cada viernes. Tenemos la tele puesta pero le hemos quitado el sonido para poder hablar. Nos gusta mucho cascar. Demasiado, diría yo. Joan me sirve más vino.
—¿Y cómo va la búsqueda de novio? —Me pregunta.
Suspiro.
—Fatal. Ya no sé qué más hacer, a parte de apuntarme a algún concurso de bodas de la tele cuando haya alguno para gais y no apeste.
—¿Probaste la app que te dije?
—Las he probado todas. Grindr, wapo, u4bear, growlr, surge...
—¿Surge? Esa no me suena —dice Joan, cogiendo su móvil. —¿Te cambiaste de nick? ¿Te pusiste lo que te dije?
—Sí. Ahora soy AlgoSerio en todas. Y con foto de cara. La que me sacaste. Y con todos los datos interesantes en el perfil.
—¿Y no te ha entrado nadie?
—Ni Dios. Yo creo que eso los ahuyenta más.
—Tiene que haber por ahí tíos interesados en tener novio. Y tú eres un partidazo.
—Pues se esconden que da gusto.
—¿Pero no llegas ni siquiera al café?
—No. Ni a eso. A ver, follar es fácil. Salgo a veces por la muralla antigua de noche y todos los que están en el Grindr están allí. Pero nadie busca nada más allá de un polvo rápido y completamente insatisfactorio. Nadie toma ya café para conocerse antes. Esas apps no han acabado sólo con los bares de ambiente. También han acabado con el ligoteo en general. Una pena...
—Me parece muy raro.
—Y a los que ponen en su perfil que están buscando amigos con derecho a roce, mentira. Te piden primero foto de polla y si no les entra por el ojo ni amigos ni media palabra más. Que cuando lees lo de amigo con derecho a roce piensas, con este podemos empezar por la fase de amigos y ya veremos. Pues no. Es lo mismo que lo otros pero disfrazado de buen rollo.
—Pero tú tienes un buen rabo. No me puedo creer que les mandes foto de polla y no se les haga la boca agua.
—Pues no, hijo. No hay manera.
—Algo haces mal. No les estarás hablando de tu ex, ¿no? Los capítulos supurantes no cerrados ahuyentan a cualquiera.
—Créeme. No llego a la etapa de poder hablar de nada personal.
—Y no les entras sólo a niñatos, ¿no?
—Qué va. Busco gente de mi edad. Que digo yo que por generación a lo mejor les interesa lo que a mí. Pero tampoco.
—Vamos a hacer una cosa. Deja lo de Algo Serio pero en la información ampliada pon que estás casado y que tu marido no debe enterarse. Eso será suficiente para que a más de uno le explote la cabeza y quiera saber de qué vas —se le ocurre a Joan.
Me parece divertido y hago lo que me pide. Coloco la nueva información en todas las apps.
Seguimos cenando y hablando de todo un poco. El sex shop le va cada vez mejor. Está vendiendo más condones y más lubricante que nunca. Internet ha revolucionado el sexo marica. Si antes ya follábamos como conejos ahora todavía más. Como conejos al cuadrado. Lo bueno de tener un amigo sex shopero es que los condones, el lubricante y alguna polla de látex un poco defectuosa me han salido siempre gratis.
Tras la cena vemos una peli. La de la coneja poli. Nos sorprende. Está muy bien. Mucho mejor de lo que esperábamos. Salen los 274 hermanos de la coneja y los dos nos partimos de risa. Precisamente ahora nos sale eso cuando habíamos hablado de follar como conejos hace un momento. Qué casualidad.
Llega un mensaje. Un tío quiere saber como es eso de que busque algo serio pero a la vez tenga marido. Le contesto que lo de mi marido no es serio. Que es de broma. Que no me folla, que no me toca, que no se excita. Pero que es extremadamente celoso y que no quiere que seamos pareja abierta. Que nos quiere solitos y juntitos los dos con la estufita y la mesa camilla hasta secarnos de viejecitos. Y digo yo, un oso nunca llegará a secarse de viejecito. A lo mejor es que los osos ni llegamos a viejos. Qué mal rollo, me dice el tío. Ya no me escribirá nunca más.
Joan me coge la tablet y lee todo lo que le he puesto. Niega con la cabeza. Está pensando que soy tonto del culo.
—Déjame a mí —dice.
Y cuando me entra otro, casi cuando la peli está a punto de acabar, contesta él.
"¿Cómo va eso de buscar algo serio estando casado? ¿Buscas un amante? ¿Una clásica zorrita? ¿Un amor en cada puerto? " —Ha escrito el nuevo.
—Coño, éste tiene incontinencia verbal, como tú —dice Joan. —Y es guapo.
—Sí que es guapo, sí.
—Vale. Ahora verás cómo se hace.
"Vente a mi casa y te lo explico con PELOS pero sin dejarte señales".
—Qué poético —comento.
Sorprendentemente funciona.
"¿Dónde vives?" —Escribe el hombre guapo.
Joan le pasa su dirección y listos. En diez minutos promete estar llamando al timbre.
—No me creo que vaya a venir. Ha sido tan fácil...
Joan se da brillo a las uñas en la camisa.
—Confía en el experto. Esta ha sido gratis. La próxima te la cobro.
—¿Y tú qué harás?
—Yo hago de tu marido. Ahora me meteré un rato en el cuarto a cerdear por la cam. Tú haz como si estuvieras solo en casa. Trajínatelo si se deja. Si no te gusta o es un maniaco mándame un wasap y entraré en escena. Le daremos un susto de muerte y saldrá por patas.
—Vale. Pero no seas muy bestia.
—¿Yo bestia? Me ofendes, Anselm.
—No aparezcas con un cuchillo a ver si se va a asustar de verdad, se va a defender con uñas y dientes y esto va a acabar en un baño de sangre.
—De acuerdo. Nada de cuchillos. De hecho, los voy a esconder todos en el altillo del armario.
Ni cinco minutos después llaman al timbre. El hombre guapo lo es más en persona. Joan ya se ha metido en su cuarto a enseñar polla y ojete a un montón de desconocidos.
—Deja la chaqueta ahí si quieres —le digo a mi ligue. —¿Cómo te llamas? Joder, eres guapísimo.
—Jaume. Tú también estás muy bueno.
—Gracias. ¿Quieres tomar algo?
—Vale. ¿Qué tienes?
—Pues no lo sé, no es mi casa.
—¿No es tu casa?
Voy a la cocina mordiéndome la lengua y abro la nevera.
—Es broma. Un chiste interno. La casa la pagó mi marido. Si nos divorciamos me quedaré sin nada. Todo es suyo.
—Joder. No te folla y encima te dejará en la calle si se te ocurre marcharte. —El hombre guapo me cierra la nevera y se pega a mi espalda. Siento su miembro duro contra mi ojete.
—Dios. ¿Ya estás así?
—He venido así de casa.
—¿Viagra?
—No. El saber que voy a darle carne a alguien que de verdad la necesita.
Restriego mi culo contra su paquetón y pongo los ojos en blanco.
—Uff, eso se siente muy grande.
—¿La quieres dentro?
—No para empezar. Para terminar, sí. Bien dentro.
Jaume me hace darme la vuelta, me mete las manos bajo el polo y me agarra les pezones. Sonríe al ver que pongo los ojos en blanco y me da un morreo exquisito. Nuestros pantalones chocan, nuestras pollas se saludan.
—Estás tremendo —me halaga.
—Tú también.
—Me encantaría ser tu marido. Ese culo no pasaría hambre nunca.
—¿Eres sólo activo?
—No. Hago de todo y todo lo hago bien.
—Joder. Eres perfecto. Tendría que haberte conocido hace quince años, cuando me casé.
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Jaume se saca la polla y me la saca a mí también. Seguimos en la cocina. Tiene una polla impresionante. Realmente apetitosa. Pero él está flipando con la mía.
—Hostia, qué gorda.
Me palpa los cojones. No le caben en la mano.
—Y qué cojonarros. ¿Eres lefero?
—Y precumero. Muy precumero.
—Jodeeer. Tú sí que eres el hombre perfecto. Tu marido se merece que lo cosan a hostias.
Jaume cae de rodillas y le hace un traje de saliva a mi trabuco. No tardo nada en ponerme a precumarle la boca como un cabrón. El tío se relame.
—Hostias. Esto debe ser lo más parecido a mamar de la ubre de una vaca —comenta. Lo tomo como un cumplido. —Mmm, Dios. Qué rico.
Le acaricio la cara mientras me la chupa. El tío mama muy bien. Joder. Yo quiero que sea mi novio. No me importa a lo que se dedique, sus traumas o si le falta un puto tornillo. Quiero esa boca tragando rabo el resto de mi vida.
—Cómo tragas, ¿no? Qué gusto...
Me la mama tan bien que estoy a punto de correrme. Le hago levantarse y le como los morros. Su boca sabe a mi pollaca.
Mientras nos besamos conseguimos llegar al sillón. Yo quedo debajo, él encima de mí restregando su polla contra la mía. Seguimos comiéndonos los morros. Me encanta este tío. Tenemos una química brutal.
—Tengo que follarte —dice. —No he traído condones. ¿Tú tienes?
Joder. No llevo ninguno en la cartera.
—Espera aquí. No te muevas. No me sigas.
—¿Qué pasa?
—Mi marido odia que le toquen sus cosas. Si entras en nuestra habitación lo sabrá. Tiene un don.
—Vale. Aquí te espero.
Me quito toda la ropa para no estamparme con los pantalones y salgo pitando hacia el cuarto de Joan. Abro la puerta y me lo encuentro a cuatro con todo el culazo frente a la cam, con un consolador enorme clavado hasta el fondo. Me mira divertido. Cierro la puerta detrás de mí.
—Condones —le digo.
—En ese cajón. Oye. Menuda polla. No te la había visto nunca tan dura.
—El tío está tremendo. Es el hombre de mi vida, joder.
Joan me mira la polla, obnubilado.
—Déjame catar eso. Sólo una chupadita.
Lo miro dubitativo pero al final le planto la pollaca en la boca. Le dejo que me saque tres precumazos y lo dejo con la miel en los labios.
—¿Por qué no te casas conmigo? —Dice Joan. —Ya lo hacemos casi todo juntos. Sólo nos falta el sexo.
—Lo siento. Llegas medio polvo tarde. Pero si a los cincuenta sigo soltero me lo pensaré.
Vuelvo corriendo al salón con condones y lubricante. Jaume me ha esperado haciéndose un pajote. También se ha quitado toda la ropa.
—¡Anda, si son los condones del sex shop de Joan! —Dice.
—¿Conoces a Joan?
—Todo el mundo lo conoce. Es un semental. Se pasa por la piedra a todos los clientes en la misma tienda.
Vaya, no sabía que mi amigo fuese un semental. Ahora no puedo decirle a Jaume que Joan es mi supuesto marido. Si quiero tener futuro con este tío tendré que inventarme algo bueno. O decirle la verdad. Miro a mi alrededor a ver si hay alguna foto de Joan en su salón en la que no me haya fijado. Sólo hay fotos de sus hermanas.
Me tiró en el sillón más tranquilo y pongo el culo en pompa.
—Fóllame.
Jaume se pone rápidamente un condón. Le va pequeño.
—Joder. Oye. Me hice las pruebas hace nada. Estoy más sano que una manzana. ¿Te puedo dar a pelo? No te la echaré dentro.
—Molt bé —asiento.
Jaume me llena el orto de lubricante y se acuesta sobre mí. Su polla encuentra fácilmente el camino. Entra con cierta dificultad pero una vez dentro me hago enseguida a su tamaño. Folla fantástico. Qué placer ser cubierto por este macho. Joder. Lo necesito en mi vida. Quiero esto cada noche al volver del trabajo.
Sus jadeos se mezclan con mis regodeos de satisfacción animal. Cómo la clava el cabrón. Ahí, bien apurado. Hasta los cojones cada vez. Me llena todo el agujero de carne. Qué puto gusto.
Mi pollaca escupe precum con cada arremetida. Me da cada vez más fuerte. Cómo folla el hijo de puta. Estoy en la gloria.
Vamos demasiado calientes. Jaume no aguanta mucho más, me la saca con todo el dolor de su corazón y se sienta en el suelo.
—Córrete en mi boca.
Se hace un pajote extasiado mientras mira como me levanto y le coloco el trabuco lefero en los morros. Mi pollaca le llena toda la puta boca.
—Te follo la cara, si quieres.
Dice que sí. Le agarro bien fuerte la cabeza y empiezo a darle polla cada vez más profundo, soltando precumazos a punta pala. El tío es un garganta profunda. Le entra polla hasta los huevos y más allá. Acelera su pajote con los morros bien llenos de carne. Ahora es él el que pone los ojos en blanco.
—No tardaré mucho —le digo, arremetiendo como un cabrón. —Te voy a ahogar de lefa. ¿Estás preparado?
Asiente. Casi no se le ve la mano. Menudo pajote se está zurrando el tío. Él también está a puntito de lefar.
Zaca, zaca, zaca. Venga a meterle polla hasta la tráquea. Cómo babea intentando no ahogarse. Qué gusto. Zaca, zaca.
—Estoy a punto de caramelo —le digo.
—Mmm.
—Uffff. Ohhhh, qué bueno, joder. Buena boca. Traga. Traga. Asiiiiiii.
Las babas le empapan el pecho. Regueros y regueros me empapan también a mí los cojones. Buena boca, sí señor.
—Me voy a correr. Estoy a punto —aviso.
Jaume se retuerce y de pronto se está corriendo sin remedio ante mi promesa de leche a las puertas en baboso biberón. Los trallazos de lefa le llenan el pecho, alguno me llega hasta los cojones. Cuando acaba su abundante corrida comienza la mía. Me derramo en sus morros en un sinfín de trallazos que engulle como un corderito, mamando extasiado. Le doy palmaditas en la mejilla mientras le lefo la boca entera.
—Good boyyyyyy. Asiiiii. Traga lefa, cabrón. Déjamela bien limpia. 
Cómo engulle el condenado. Me encanta esa boca. Ya le he descargado hasta el último lefazo pero mi polla sigue bien dura en sus morros. Él tampoco se cansa de chupar por lo que la mantengo ahí otros diez minutos. Finalmente se la saco para que pueda limpiarse la baba y su corridote. A mí me ha dejado bien limpito. Hasta me ha recogido la saliva de los cojones y las piernas. Un hombre muy aplicado.
Nos tomamos un par de cervezas de Joan mientras hablamos de todo un poco. Nos abrazamos y besamos apasionadamente cuando se va.
—Si dejas a tu marido, llámame. No me importaría ocupar su lugar.
Voy corriendo a la habitación de Joan. Lo encuentro lefándose la palma de la mano en ese mismo momento para disfrute de todos sus ciberamigos.
—¿Qué pasa? —Dice, al ver mi expresión.
—¡¡Quiero el divorcio!!
—Vale, pero la tienda me la quedo yo.
—¡Joder! ¡Qué tío! ¡Qué pedazo tío! Voy a escribirle y a decirle que no tengo marido.
—¡Ni se te ocurra! Deja pasar unos días. Sigue un poco con la farsa. En unas semanas le dices que tu marido se ha ido a trabajar lejos y pegáis un polvazo en tu casa. En un par de meses que os estáis divorciando.
—Pero si es el hombre de mi vida y se entera que le mentí para trajinármelo lo perderé.
—Vale. Díselo.
Cojo la tablet y le escribo un montón de mensajes explicándoselo todo. De su lado, sólo silencio.
"¿Estás ahí?"
Más silencio.
Hablo con Joan. Estoy desesperado. Jaume se ha enfadado.
De pronto llaman al timbre. Abro la puerta. Jaume sonríe. Joan lo saluda.
—Coño. ¿Tu supuesto marido es el Joan del sex shop?
—Si Anselm fuera mi marido yo le daría caña cada noche —dice Joan.
Le pido a Joan que nos deje otra vez a solas. Accede.
Miro a Jaume inquisitivo.
—¿Estás enfadado?
—¿Bromeas? ¡Vamos a hartarnos de follar!
—Guay. Pero yo estoy buscando novio.
—Pues has encontrado un futuro marido.
Beso de película y fundido en negro.
Los agradecimientos al final de los títulos de crédito van para Joan, que lo ha hecho posible. Joder. Se merece que a partir de ahora le compre los condones.
Escena después de los créditos: Lo tiene todo: es guapísimo, tiene buena polla, buena boca y buen culo. Y vaya con el culo. Le taladro el orto con mi polla gruesa y la engulle enterita sin problemas.

Creo que vamos a ser muy felices.
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¡Muchas gracias por tu apoyo!

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