sábado, 23 de julio de 2016

Me hizo acostarme boca arriba con la cabeza colgando fuera del colchón y él, de pie, me fue introduciendo rabo hasta que sus huevos me cubrieron la nariz. Después me folló la boca a lo salvaje

Relato erótico gay ebook Me hizo acostarme boca arriba con la cabeza colgando fuera del colchón y él, de pie, me fue introduciendo rabo hasta que sus huevos me cubrieron la nariz. Después me folló la boca a lo salvaje

Amor libre


Matías me preparaba una cena romántica cada viernes. Traía la comida preparada a eso de las nueve de la noche, encendía dos velitas, abría el vino y conversábamos hasta bien entrada la madrugada. No era mi novio y dudaba de que alguna vez llegara a serlo. Creo que lo hacía, lo del romanticismo y tal, porque yo le daba un poco de pena. Y por la química sexual. Teníamos mucha química. No follábamos nada el resto de la semana pero el viernes, tras la cena y la conversación, nos hartábamos de follar. A veces se nos hacía de día.
Me acuerdo con mucho cariño del día que Matías decidió que quería correrse con una mamada. El tío tiene mucho aguante y si no le doy mucha caña, metiéndole dedos por el culo, o mordiéndole los pezones, o comiéndole a saco la boca mientras se pajea a un ritmo endiablado, no se corre. Así que aquello prometía horas de follada bucal, lo cual no me desagrada en absoluto. Además era un reto para mí. Muy bien tendría que mamársela para que acabara en mi boca sin más estimulación que mi propia boca.
La cosa comenzó lenta. Se sentó desnudo en mi colchón. Me puse de rodillas y comencé a comerme su pollón. Matías tiene una polla gruesa, larga y ligeramente torcida a la derecha. Los cojones los tiene grandes también, y le cuelgan muchísimo. Da gusto tirar de ellos mientras mamas.
—¿Los huevos te los puedo tocar? —Quise saber.
—Claro.
Seguí chupando acariciándole los cojones. Muy de vez en cuando obtenía un poco de precum. Estaba de muerte.
Veinte minutos más tarde Matías empezó a impacientarse.
—Sabes que así podemos estar hasta mañana.
—¿Y qué quieres que haga? Eres tú el que se quiere correr con una mamada.
—Mejor te follo la boca.
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Me hizo acostarme boca arriba con la cabeza colgando fuera del colchón y él, de pie, me fue introduciendo rabo hasta que sus huevos me cubrieron la nariz. Después me folló la boca a lo salvaje. La posición al principio era incómoda pero pronto la felicidad de tener su trabuco en los morros me hizo olvidarme de todo. Cuando comencé a atragantarme y a escupir ingentes cantidades de babas es cuando Matías empezó a calentarse de verdad. Entonces más rabo me metió y más explosivas fueron mis interrupciones para babear y respirar. Pronto toda mi cara estuvo bien mojada y la baba rodaba hasta las orejas y me empapaba el cabello. Bueno, el cabello... Tengo el pelo rapado al dos. La baba hacía ríos por varias partes de mi cabeza y acababa goteando al suelo. El poco pelo no iba a detenerla.
Como Matías vio que así tampoco se iba a correr empezó a darme guantazos en la cara, lo cual lo puso muy cerdo y esta vez sí, más cerca del orgasmo. Yo ya tenía ganas de recibir mi premio. Matías se corre de manera muy abundante cada viernes. Sospecho que el nuestro es su único polvo semanal. Yo me hago pajas todos los días pero en mi caso es normal. No tengo mucho que hacer. Él está mucho más ocupado.
—Creo que lo voy a conseguir —guantazo. —Me voy a correr en tu boca —guantazo. —¿Quieres que te lefe los morros? —Guantazo con la otra mano. —¿Quieres que te ahogue de leche? —Otro más. —Uhmmm, tengo los cojones a reventar —guantazo. —Estoy a punto de correrme —guantazo.
Cada hostia resonaba con un splash por las babas.
—Mmm, qué bueno. Qué gusto. Qué puto gusto —guantazo. —Así, traga polla, mamón —guantazo. —Venga, venga, venga. —Guantazo. —Ya me viene. —Guantazo. —Oh, sí. Oh, siiiiiiii. —Mogollón de cachetadas rápidas y seguidas. —Estoy a punto.... —splasplasplasplasplasplasplashhhhh. —Traga polla, cabrón. ¡Joder! ¡Jodeeeeeeeer! ¡Me corro! ¡Toma mi lefaaaaaaaaa! ¡Tragaaaaaaaa!
Uno, dos, tres, cuatro, cinco trallazos de lefa caliente directa a la garganta. Más, más. Más leche. Sigue disparando. Seis, siete, ocho, nueve, diez. Tiene los cojones bien cargados. Once, doce. Mmm, qué buena está su leche.
Tras descargarse me paseó el trabuco ya morcillón por toda la cara, me golpeó la nariz con el pollón. Qué rico. Me encantaba su polla.
La velada romántica empezaba con la cena y la conversación. Luego nos poníamos cerdos y follábamos o tragábamos polla casi hasta el amanecer. Aquello duró los dos años que estuve allí.
Después del polvo Matías se despedía con un beso tierno, recogía sus cosas, botella de vino vacía incluida, salía de la celda y volvía a encerrarme.
La verdad es que esta historia con Matías me ayudó a pasar mucho mejor el tiempo que estuve en la cárcel. Nunca pensé que echaría de menos algo de aquel sitio. Pero lo hago. Lo echo de menos a él.
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